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La Dolorosa de una iglesia de Viena guarda parecido con la que cierra el Jueves Santo

La atribución de las imágenes procesionales cuya autoría no está documentada ha sido siempre objeto de controversia entre los estudiosos de la materia, sobre todo cuando se trata de tallas que gozan de una gran popularidad y devoción. En el caso de la Semana Santa malagueña, todavía existen titulares de importantes cofradías que generan debate a la hora de suscribirlos a un taller u otro. No obstante, gracias a nuevas investigaciones y descubrimientos, movidos por el enorme interés que despierta el fenómeno cofrade, cada vez existen más fuentes a las que recurrir a la hora de poner firma a la belleza de un Cristo o una Dolorosa. En ese sentido, un buen ejemplo es el estudio realizado por el profesor Juan Antonio Sánchez López y Sergio Ramírez González sobre la saga de los Asensio de la Cerda, un trabajo que fue adelantado por este periódico (ver SUR 10/2/2006).

En esa dinámica de permanente inquietud de los amantes de la Semana Santa por conocer quién dio forma a las imágenes procesionales, surge un nuevo elemento que este periódico quiere poner de manifiesto con el único ánimo de abrir una puerta hacia posibles estudios de los entendidos en la materia. Se trata de la autoría de la que posiblemente sea una de las Dolorosas más populares de la Semana Santa malagueña: María Santísima de la Esperanza.

Intervención
Fue a raíz de la última intervención sobre esta imagen, la realizada por el imaginero sevillano Luis Álvarez Duarte, cuando se dejó caer la posibilidad de que la Virgen que camina sobre romero cada Jueves Santo saliera del taller de uno de los imagineros más afamados del barroco español, esto es, Pedro de Mena. La atribución lanzada por Álvarez Duarte no tuvo suficiente eco mediático, aunque sí que caló en los directivos de su archicofradía, quienes reconocen que hay varios estudios en marcha con el propósito de sustentar esa teoría.

Un elemento que puede servir de gran ayuda para ese objetivo se encuentra a bastante distancia de Málaga, pero ofrece una respuesta cuanto menos inquietante al respecto. Hay que recorrer 2.828 kilómetros para llegar a Viena y, dentro de esta hermosa ciudad imperial, dirigirse a la iglesia barroca de la Santísima Trinidad, donde pasa casi desapercibida, en una de sus capillas laterales, una urna que contiene el busto de una Dolorosa que en nada tiene que ver con las imágenes de las antiguas iglesias austríacas.

Se trata de una talla de procedencia española que los responsables actuales del templo, construido a principios del siglo XVIII, tienen como una de las obras de arte de más valor de cuantas alberga. No en vano, la tienen catalogada como obra de Pedro de Mena y Medrano entre los años 1662 y 1663, etapa en la que el gran escultor del barroco desarrolló su trabajo en Madrid. Según figura en la guía turística del templo, la imagen fue traída desde España por la orden de los trinitarios.

A diferencia de otras Dolorosas de Mena, ésta muestra un dolor mucho más contenido. Parece como si el llanto cesara por un momento para dar paso a una expresión de cierta serenidad en el rostro de la imagen, que mira al frente como buscando la mirada de quien la contempla. Es como si la belleza de María ganara por unos momentos al trance de su amargura. Todo ello con unas características morfológicas que hacen recordar a la Virgen del Jueves Santo malagueño: la Esperanza.

La comparación entre ambas obras de arte resulta complicada porque la conservada en Viena apenas si ha tenido retoques o restauraciones y el aspecto actual de la de Málaga es fruto del resultado de numerosas intervenciones que a lo largo de los siglos han variado su aspecto. No obstante, existen elementos que todavía conserva la Esperanza malagueña y que encajan con la que podría ser su homologa vienesa.

Uno de los que más llama la atención a primera vista es que el corte del rostro, es decir, el recorte de la mandíbula, la posición de la boca y el trazado de la nariz, es muy similar en ambas imágenes. Si bien es cierto que la Esperanza malagueña ha experimentado intervenciones derivadas sobre todo de los desperfectos que sufrió durante los sucesos de los años treinta del pasado siglo, puede que todavía queden en ella rasgos de su primitivo aspecto que, pese a las intervenciones desarrolladas por escultores como Adrián Risueño o el propio Álvarez Duarte, permanezcan en la obra. En ese sentido, la coincidencia del modelado de los rostros de ambas imágenes llama la atención.

Como también lo hace el rasgo que, en una primera apreciación, puede hacer desistir de la comparación entre ambas tallas pero que, sin embargo, se convierte en un elemento clave para relacionarlas. Se trata del entrecejo, que en la obra vienesa de Mena se eleva hacia la frente. A poco que se repare en las formas de la cara de la Virgen de la Esperanza se descubre que el modelado de las cejas responde a ese entrecejo elevado que es propio de la mayor parte de las Dolorosas de Mena. Sin embargo, las modas cofrades corrigieron con policromía lo que el autor de la talla trazó con las gubias.

Cejas cambiadas
Así lo reconoce Alberto Salinas, archivero de la Archicofradía de la Esperanza, y una de las personas que está más acostumbrada a ver fotos de la imagen de la Virgen. En los testimonios gráficos más antiguos que se conservan de ella ya aparece con el entrecejo modificado mediante un nuevo trazo para las cejas que en nada tiene que ver con el modelado que se observa aún en la talla. ¿Un cambio practicado ya en el siglo XIX para que se pareciera a otras Dolorosas de la geografía andaluza y, más concretamente, sevillana?

La Dolorosa de Pedro de Mena que se conserva en la iglesia de la Santísima Trinidad de Viena provoca cuestiones que pueden ser al mismo tiempo preguntas y respuestas. Si el inigualable escultor granadino realizó para la orden dominica que todavía regenta la iglesia de Santo Domingo de Málaga un Cristo Crucificado de leyenda que todavía es recordado como una de las mejores obras del barroco y una imagen de la Virgen de Belén que rompió moldes, ¿por qué no iba a dejar también en el templo un bello ejemplo de sus renombradas Dolorosas?

El interrogante sigue abierto hasta que no pueda demostrarse documentalmente la autoría de Esperanza. No obstante, el busto conservado en la capital de Austria aporta una nueva línea de investigación que ya fue apuntada por Álvarez Duarte durante su última intervención en la imagen que más pasiones levanta la madrugada del Viernes Santo. Saliera o no de las gubias de Pedro de Mena, su dolor contenido sigue arrastrando multitudes sobre ramas de romero.

Duarte: «Sin duda afirmo que es de Mena o su círculo»
Para el imaginero sevillano Luis Álvarez Duarte, la última persona que ha intervenido en la imagen de la Virgen de la Esperanza, no hay duda: «Sin duda afirmo que es de Pedro de Mena o de su círculo más íntimo», afirma con rotundidad. «Tiene rasgos personalísimos de Mena como la fabricación de los ojos con cascarilla de cristal y la talla de los dientes de la boca con marfil», explica.
Álvarez Duarte descubrió estas dos cuestiones en la última restauración que hizo de la imagen en el año 2009. «Los ojos de cascarilla de cristal son propios del siglo XVII y típicos de las Dolorosas de Mena. Recientemente he podido ver una en Cuenca que los tiene de esta forma. Son una maravilla, así como los dientes de marfil que hay dentro de la boca», dice.
Asimismo, Álvarez Duarte reconoce que el modelado del mentón, la boca, la nariz y el entrecejo responde a la obra de Pedro de Mena. «Yo diría que es de él al cien por cien y, si no, de un autor muy muy cercano a su taller. El modelado es inconfundible, todas sus imágenes tienen ese mismo estilo, para mí no hay dudas», añade.
Igualmente, el afamado imaginero sevillano apunta que tiene lógica que la Esperanza fuera tallada por Mena al igual que el Cristo de la Buena Muerte y la Virgen de Belén que se encontraban en la iglesia de Santo Domingo y que desaparecieron en 1931. «Quién dice que la Esperanza no fuera un regalo de Mena a los dominicos tras estos encargos», concluye.
(Algunas de las opiniones aparecerán el próximo miércoles 14 de marzo de 2012 en el suplemento semanal 'Pasión del Sur', gratis, con el ejemplar de SUR)


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Respuestas a esta charla

pues si, no es nada nuevo. don luis alvarez duarte, lleva años, diciendo que es de el..... asi que no se descubrió gran cosa :)

Después de leer el sesudo artículo sacado de las páginas de pasatiempos, ahora es cuando tengo las ideas más claras: NO, mientras no se demuestre lo contrario.

Todo autor de una obra tiene derecho a ser reconocido por ella, por lo tanto nadie puede (ni don Luis tampoco) afirmar que una talla como la Esperanza es de Mena sin la más mínima prueba de ello. No solo hay osadía en el artículo, sino una falta de pudor al riesgo (conociendo la maltrecha historia de la imagen) que parece buscar más la leyenda urbana que una atribución basada en algún estudio de entidad.

Por último, no hay que irse a Viena para encontrar una Dolorosa de Mena, bastante más cerca las hay mucho mejores.

Esto es como el caso de la Gioconda, si no es del conocido autor sera de alguien cercano a el.

A la vista de lo que conocemos de la Esperanza a día de hoy y en documentos gráficos anteriores, entiendo que no.

Las dolorosas y otras imagenes femeninas como la Magdalena de Mena que se conservan mantienen un patrón característico en sus rostros que los hace bastante reconocibles a poco que se conozca su obra. El rostro de la Esperanza se ajusta a los cánones típicos de las Virgenes andaluzas, claro que esto puede deberse a las distintas intervenciones realizadas sobre Ella a lo largo de la historia.

Y ya determinar si puede ser de un discípulo suyo puede ser algo mas complicado.

Por tanto y para salir de dudas habrá que esperar al resultado de estudios mas concienzudos llevados a cabo por expertos que puedan arrojar mas luz sobre este asunto. 

me extraña que luis alvarez duarta haya dicho eso con tanta seguridad. eso no se puede saber, yo creo q no

No

Es una creencia bastante popular entre los malagueños, y de echo la Esperanza de Málaga guarda muchos rasgos característicos del escultor Pedro de Mena, que quizás son menos apreciables tras la restauración realizada por parte de Álvarez Duarte; pero en mi opinión y creo que la de mucha gente , no cabe apenas duda y las pruebas son el realismo y el dramatismo propios del autor barroco, así como la similtud con otras obras de Mena.

El autor quizás no, porque se ven las diferencias pero quizás una copia de alguien de su escuela sí por la similitud.

Un saludo.

Sólo los expertos podrían decirlo. No hay documentos históricos ni firma del autor, además que las restauraciones realizadas han ido cambiando la fisionomía original.A esta virgen no le hace falta la etiqueta de Mena para que tenga importancia. A veces todo se mitifica.



Jose Góngora dijo:

Sólo los expertos podrían decirlo. No hay documentos históricos ni firma del autor, además que las restauraciones realizadas han ido cambiando la fisionomía original.A esta virgen no le hace falta la etiqueta de Mena para que tenga importancia. A veces todo se mitifica.

Creo que su autor es D. Francisco Palma Burgos.

CARMEN GASPAR DIAZ dijo:



Jose Góngora dijo:

Sólo los expertos podrían decirlo. No hay documentos históricos ni firma del autor, además que las restauraciones realizadas han ido cambiando la fisionomía original.A esta virgen no le hace falta la etiqueta de Mena para que tenga importancia. A veces todo se mitifica.

No cabe duda de la cierta similitud de la Virgen de la Esperanza con la dolorosa de Viena, teniendo en cuenta, no sólo la opinión de un imaginero como Luis Álvarez Duarte, sino también que la imagen ha sido restaurada en varias ocasiones a lo largo del tiempo. Pero, de todos modos, aunque en algunos círculos cofrades se ha barajado la posibilidad de designar la autoría de Mena a esta talla, creo que se necesitaría contar con la opinión de otros imagineros y expertos en arte para poder discernir esta cuestión, además de un estudio pormenorizado que pueda desvelar algunos aspectos concluyentes de si la Virgen de la Esperanza salió de la gubia de uno de los imagineros más importantes del barroco español como fue Pedro de Mena y Medrano.

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