La comunidad Cofrade de la Semana Santa de Malaga - Sur.es
Humilladero de Zamarrilla
EL MITO. LA LEYENDA DE UNA ROSA.
“Calle Mármoles abajo, viene el trono procesional de María Santísima de la Amargura,
que avanza entre luces de cirios, con un leve vaivén, casi imperceptible. No parecen traerla
sobre los doloridos hombros de sus hermanos. Millares de corazones devotos levantan la
plateada estructura y por eso se mueve con un palpitar acompasado, medido, como los
versos del romance que canta el poético milagro. Érase una vez...
Reinando Carlos III, una banda de malhechores asolaba los términos de Ronda.
Capitaneaba la partida un vecino de Igualeja, Juan Zamarrilla de nombre, bandido generoso
que repartía entre los pobres el producto de sus rapiñas, reservando una parte para
lucimiento propio y de su cuadrilla, que llegó a reunir cincuenta hombres. Gustaba gastar
los “cuartos” en cosas de lujo y capricho. Armas fi namente cinceladas, costosas sedas,
mantas de vivos colores que terciaban sobre sus cabalgaduras como buenos bandidos de
un romance de 1800.
Eran tan audaces que extendieron sus correrías hasta las mismas puertas de Málaga,
a donde llegaba el vistoso escuadrón con Zamarrilla al frente, llevando el capitán un
sombrero de muchas alas y elegante penacho, distintivo de su jerarquía.
Organizaron las autoridades la persecución en regla de los bandidos y llegó el día en
que, muertos o huidos sus hombres, quedó deshecha la partida. Y el que fuera su arrojado
capitán, acorralado, hubo de ocultarse en las cercanías de la ciudad, a la espera de la ocasión
propicia para entrar en ella.
Una tarde, seguido de cerca por los arcabuceros huye por el llamado Camino de
Antequera y, viéndose perdido, busca refugio en una pequeña ermita, donde se venera la
imagen de la Virgen de la Amargura.

Corren los soldados a cubrir la salida y los alguaciles se aprestan a detenerle. Zamarrilla,
solo en la ermita, angustiado, mira a Nuestra Señora, implorando su protección...Y tomando
una rápida decisión sube el camarín y se oculta bajo el manto grana de la Virgen.
Cuando los alguaciles y corchetes abandonan la ermita, tras infructuosa búsqueda,
sale Zamarrilla de su escondite. Tranquilizado el ánimo, quiere dejar a su Salvadora una
ofrenda que recuerde la merced recibida. Y hallando en el zurrón una hermosa rosa blanca
que desgajó al pasar por un sendero, se acerca a la imagen y con mano trémula le clava la
blanca flor en el pecho, utilizando como prendedor...su propio puñal.
De rodillas, ante el altar, reza con fervor el bandolero. Y sus ojos, llenos de lágrimas,
contemplan atónitos el prodigio.
"Los lindos pétalos blancos
que armiño y nieve semejan
se han teñido de carmín
cual si tintado se hubiera
con la sangre que María
vierte por las culpas nuestras”.
Zamarrilla, arrepentido de sus pecados, entró en un monasterio antequerano, donde
vivió dedicado a la devoción y a la penitencia. Desde entonces, divulgado el milagro, el pueblo
da culto y conoce a Nuestra Señora de la Amargura, por la Virgen de Zamarrilla.
Virgen de romance, poetas con lírica devoción han cantado en sonoras estrofas la milagrosa
conversión del bandido. Y uno de estos poetas, soñador y visionario, devoto de María
Santísima de la Amargura, nos cuenta esta noche, propicia al ensueño, una bella e inédita
prolongación de la leyenda. Y empieza así: Una vez al año, cumpliendo promesa, dejaba
el monje Zamarrilla su agreste retiro para venir a la Ermita y orar ante la Virgen. Nunca
olvidó el antiguo bandido el suceso de la conversión. Y al cruzar los jardines de Teatinos,
floridos en la primavera, suplicaba la limosna de una rosa encarnada que depositaba como
recuerdo entre las rosas del mismo color que nunca faltan a los pies de la imagen.
Un año, cuando se encontraba cerca de la ermita, ya anochecido, le cortó el paso un salteador,
con la intención de robarle. Viejo, pero aún fuerte, Zamarrilla, resucitando antiguos
bríos, lucha con el bandido y opone resistencia. Y el malhechor, furioso por la equivocación
y la inesperada defensa, saca una daga y le hiere cobardemente. Caído sobre el polvo del
sendero, sintiéndose morir, Zamarrilla reza a la Virgen, su bienhechora de la ermita, que
divisa entre la arboleda. Y sin fuerzas, levanta un brazo en cuya abierta mano palpita la
rosa encarnada de la ofrenda como si fuera el corazón del moribundo.
Y florece de nuevo el milagro. Nuestra Señora se aparece y está frente al monje sonriéndole
dulcemente. Si antes quiso su conversión y arrepentimiento, ahora, perdonado,
le abre de par en par las puertas del Cielo. Zamarrilla, absorto ve cómo la flor roja que
sostiene en su mano va quedándose blanca como si de ella saliera la sangre que escapa
por la enorme herida de su pecho. Y habiéndose salvado para la vida eterna, se siente
inmensamente feliz.
Al amanecer, unos labriegos hallaron al borde de un camino próximo a la ermita, el
cuerpo sin vida de un anciano. Vestía un tosco sayal de penitente y no le notaron señal
de violencia ni herida alguna. Pero a todos sorprendió la dulce sonrisa que fl orecía de sus
labios. Y una vez al año, por esta fecha, algunos fieles devotos de la Virgen, afirman que han
visto en la ermita, entre las flores rojas que cubren el camarín de la Virgen de Zamarrilla,
una rosa de extraordinaria blancura, que nadie sabe cómo llega hasta allí...”
LA REALIDAD.
LO QUE NO SE HA CONTADO DE ZAMARRILLA.
El humilladero del camino real que partía hacia Antequera estaba situado en la
explanada formada por el propio camino, más el que subía hacia el monasterio de la Santísima
Trinidad y el que, proveniente del cruce de los caminos de Churriana, Cártama y
Torremolinos del actual y único Humilladero al presente, permitía el acceso de las carretas
al camino de los Mármoles en dirección al vado del Guadalmedina en Puerta Nueva.
En enero de 1542 el Ayuntamiento dio permiso a Juan Hernández para que edifi -
case una venta en el camino que va de esta ciudad a Antequera “ ... media legua arriba
de la venta de la cruz, en los montes realengos del termyno desta çibdad...” Se refiere al
camino de Antequera actual y al Puerto de la Torre. Como podemos observar no había
una denominación especial en esa fecha ni para la cruz que se menciona ni para la venta
construida en sus inmediaciones.
Los linderos de este humilladero no están definidos con toda claridad, por lo que recurriremos a distintos documentos y a la información, bastante difusa, que nos da el tercer
libro de los Repartimientos de Málaga, mandados hacer por Fernando V de Aragón, que
incluye las huertas y a quiénes se las dieron. Sólo se citan como linderos los nombres de
los vecinos, de ahí la dificultad en hallar la situación exacta sobre el terreno. De la única
señalización que podemos disponer es la que nos da la concesión que el Ayuntamiento dio
a la cofradía del Santo Rosario del barrio de la Trinidad para construir una ermita en el
lugar que ocupaba la cruz, ermita que subsiste en la actualidad y que se halla colindante
con calle Mármoles.
Hacia el norte de la cruz:
“...se dio a renta a Alonso Hernandez, labrador y merchante, veçino de Malaga
una huerta e viña con su casa que el Monesterio de la Trinidad tiene por Gaspar,
menor, heredero de la Ginovesa, que esta junto a la era de lo çercado de las huertas
desta çibdad que se llama la heredad de la Ginovesa que a por linderos de la una
parte un camino que atrabiesa para la calle de la Trinidad, e de la otra parte haça
que solia ser de Pero Lasso de la Vega e con tierras de Nuçibay, e por delante el
camino real...”.
(Es decir, el solar comprendido actualmente entre la avenida de Barcelona, calle
Rafaela, calle Pelayo y calle Mármoles).
Pero este trato no llegó a cerrarse porque el dinero que pedía el monasterio pareció
excesivo a Alonso Hernández y entonces se dio el arrendamiento el 17 de enero de 1539 a
Martín González por 7,000 maravedís el primer año, 5.000 en dos pagas y los otros 2.000
para reparar las casas y noria de la dicha huerta.
Al Este de la cruz con las huertas del Cabildo y éstas, a su vez, por el Sureste, con
la huerta del Obispo, que era D. Pedro de Toledo y en el libro de los Repartimientos se lee:
“Alinde con la huerta de D. Pero de Toledo obispo de Malaga; ovo en ella quatro arançadas
e ochenta e syete estadales...” ( 20.000 metros cuadrados en números redondos)
Al Suroeste de las huertas del Cabildo se dieron huertas a: “...Pero Diaz carpintero
defunto e de su muger e herederos; ovo en ella tres quartas e ochenta estadales con dos
pozos e una alverca; quedale proveyda por virtud de la carta de merçed que de sus altezas
tyene “
Y alinde de lo susodico se midio una huerta del Arçobispo de Granada; ovo en ella
tres quartas ...” etc.
También al Sur con huerta que se dio a la marquesa de Moya: “ Alinde de la susodicha
[huerta de la Iglesia Mayor] se midio la huerta de la Marquesa de Moya; ovo en ella una
arançada y tres quartas e sesenta e ocho estadales con su pozo e alverca “.
En el mapa de Joaquín Pérez de Rozas (1863. Archivo Municipal de Málaga) podemos
observar cómo todavía es conocida por su nombre la “ Huerta del Cabildo “ que tiene por
linderos en ese momento: al Norte con calle Mármoles, construida de casas toda la franja
hasta llegar a la ermita de Zamarrilla. Al Oeste con calle Peso de la Harina. Al Sur con
huertas de las Monjas y de las Villalonas y al Este con huerta del Obispo y la huerta de
Fernández. Naturalmente que con el paso del tiempo alguna huerta había cambiado de
dueño y, por lo tanto, de nombre.
Volviendo al Libro de los Repartimientos leemos que a la Iglesia Mayor se le dieron
tres huertas contiguas, una de treinta y cinco estadales, otra de tres cuartas y cuatro estadales
y otra de treinta y un estadales; de forma que la primera lindaba con la del Maestre
Bernal, barbero, y la última con la huerta de la Marquesa de Moya. Después se le dieron
otras dos huertas que , en conjunto, midieron tres cuartas y noventa estadales con dos pozos
y dos albercas. Por un lado lindaban con la del Obispo Pedro de Toledo y por el otro con la
huerta que se dio a Pedro Díaz, carpintero. El total de la superficie de las cinco huertas
era, aproximadamente, de 12.600 metros cuadrados. Y entre las cinco componían lo que se
llamó la Huerta del Cabildo a finales del siglo XIX.
No nos es posible determinar con exactitud cuál era la superfi cie exacta de la primera
de las cinco huertas que fue arrendada por el Cabildo a Isabel López, pero damos por hecho
y por las indicaciones que se dan en los distintos documentos que era la más próxima a la
cruz del humilladero en cuestión porque, además, lindaba con calle Mármoles.
El Cabildo catedralicio, reunido el 13 de Marzo de 1510 arrendó por dos vidas, en
“... çenso ynfi teusis a Ysabel Lopez, viuda de Juan del Puerto, que estades presente
e a un vuestro heredero e subçesor despues de vos qual nombraredes en vuestro
testamento una huerta poblada de arboles que nos avemos e tenemos en termino
desta dicha çibdad en lo poblado de las huertas que ha por linderos de la una parte
huerta de Pedro de Cardenas e por la otra parte el monasterio e huerta de Santo
Domingo y por delante la calle Real que va a dichas huertas ... con cargo de çient
maravedis de çenso en cada un año e una gallina por el dia de Sant Andres de
cada un año biba buena e sana de dar e tomar so pena de pagar por ella quarenta
maravedis...”
El camino real que llevaba a las huertas era calle Mármoles en la actualidad.
Isabel López aceptó estas y otras condiciones y pasado el tiempo se casó con Cristóbal
Pérez, del que tuvo un hijo al que llamaron Hernán.
Isabel López murió, quedando la huerta en posesión del marido e hijo, en quienes
se cumpliría la segunda vida. Murió Cristóbal y quedó como único arrendatario Hernán
Pérez, a cuya muerte el Cabildo recuperaría la huerta según el contrato. Pero los hechos
se precipitaron y Hernán, o no sabía la existencia del contrato porque el padre no se lo
dijo o se hizo el ignorante porque, en 1533, decidió vender la huerta como si fuese herencia
familiar, ignorando al Cabildo, y la compró Alonso Hernández Zamarrilla, de origen morisco,
labrador y tratante en ganado mayor.
Hicieron su correspondiente escritura de compra-venta ante notario y, según la
costumbre legal, empezó el documento con la descripción de la huerta:
“...un huerto pequeño que yo he e tengo dentro de lo çercado de las huertas desta
çibdad de Malaga a las espaldas del monesterio de señor Santo Domingo della
que tiene tres morales e una higuera e dos parras e un naranjo e un limon çebti
e otros arboles e a por linderos de la una parte casa e huerta de Juan de Hortega,
çerero, e de la otra parte con huerta que fue de Françisco Beltran de Cardenas e
de la otra parte una calleja que va a dar a la huerta que dicen del Obispo…
Lo dio a “ çenso e tributo perpetuo “ por cien maravedís al año y en el momento de
cerrar el trato Zamarrilla pagó “...syete ducados de oro...” ( De estos siete ducados debía
dar la décima parte al Cabildo catedralicio)
Impuso parecidas condiciones a las que tenía la escritura del primer arrendamiento en
general pero, en lugar de pagar el censo en tres veces, Zamarrilla debía dar un único pago
por el día de San Juan. Hernán confesó ser menor de 25 años por lo que tuvo que jurar por
Dios y a Santa Maria y los Santos Evangelios que cumpliría su parte del contrato.
Una vez realizadas todas las formalidades nombró procurador y encargado de sus
negocios a Gerónimo Ortuño, sillero, para que, en su nombre, cobrase los cien maravedís
del censo y se embarcó para América.
Zamarrilla tomó posesión del huerto y comenzó a trabajar en él y a construirse una
vivienda, invirtiendo en ello más de 20,000 maravedís. ( Unos tres millones de pesetas)
Pasaron dos años y el Cabildo, que no había cobrado del heredero de Isabel López
su censo de maravedís y gallinas, presentó una demanda de acuerdo con el contrato y, a
continuación una segunda, ante el Alcalde Mayor. En ellas se pedía que le fuera devuelta
su propiedad por haber caído en comiso, más el dinero y los réditos correspondientes a los
dos años.
El Alcalde Mayor era Cristóbal Aybar, que empezó sus averiguaciones en Agosto
de 1535 recibiendo la demanda del procurador Pedro de Valencia, representante del Deán
y Cabildo de la Catedral.
Con fecha 5 de Octubre se notifi có a Zamarrilla en su persona, siendo testigos Fernando
de Briones y Juan Rodríguez, vecinos de Málaga. Ese mismo día el licenciado Arroyal
presentó un recurso de Zamarrilla alegando todo cuanto creyó razonable, es decir, que había
comprado el huerto al heredero natural de Cristóbal Pérez aunque no podía aportar escritura
de testamento o herencia porque Hernán Pérez no estaba y esperando que el juez aceptara el
testimonio de Gerónimo Ortuño como procurador que llevaba los asuntos de Hernán Pérez.
En Septiembre de 1536 el Alcalde Mayor había cambiado, siendo el bachiller Rodrigo Yanes el que dio el veredicto y falló que condenaba y condenó a Alonso Hernández, vaqueador, en todos los maravedís y gallinas que se debían al Deán y Cabildo del censo de Isabel López de los dos últimos años. Además condenaba a Zamarrilla a otorgar nueva escritura ante el Deán y Cabildo reconociendo que eran los dueños auténticos del huerto y a pagar un censo de 100 maravedís y una gallina cada año como estaba acordado en la escritura con Isabel López mientras viviera Hernán Pérez y no más tiempo, momento en que la huerta volvería a sus dueños.
Reservaba el derecho de Zamarrilla contra Hernán Pérez para exigirle cuanto quisiera si éste volvía a Málaga. Y concluyó que cada parte pagase sus costas.
El día 22 de noviembre el notario comunicó la sentencia a Zamarrilla en persona,
estando presentes Gaspar de Villoslada, escrivano público, Francisco Hernández, que era
su tío y socio, y su amigo Pedro Abril, boticario; éste, además, era tasador de boticas y uno
de los Hermanos Mayores de la Cofradía de Nª Sª de Monserrat, patrona de aragoneses,
catalanes, valencianos y sicilianos.
La ejecución definitiva se le comunicó en enero de 1537. Zamarrilla siguió viviendo
en la casa que se construyó, pagando la hipoteca al Cabildo y haciendo su vida normal
de compra y venta de ganado vacuno, según podemos comprobar en diversos documentos
ante notario.
Por esta época, Leonor de Morales, esposa de Zamarrilla, contrajo una enfermedad no
especificada, que le indujo a hacer testamento el 27 de Agosto de 1538, en el que reconocía
“...estando enferma del cuerpo e sana de la voluntad en su juizio e seso...” testamento que,
desgraciadamente, no hemos podido recuperar pero sí un codicilo posterior, fechado en el mes de octubre, por el que reformaba una cláusula del testamento en la que cedía unos bienes
a Luçia de Sanjuan, hija de su primo Alonso de Mora: “ quatro ajorcas de oro, un mongil
de damasco, una cortina de seda, una colcha (nueva) y diez ducados en dineros...”. Leonor
cambiaba esta cláusula restando los diez ducados pero manteniendo las otras cosas.
Este cambio en la cláusula nos da una idea aproximada de la fortuna que debía tener
el matrimonio puesto que Lucía era hija de un primo.
Volviendo a la compañía de tratantes una de sus compras mayores se dio en 1539,
en que ambos socios, Zamarrilla y Francisco Hernández, con las firmas de sus respectivas
esposas, Leonor de Morales e Inés Fernández, adquirieron un lote de 83 reses vacunas por
255 ducados de oro,( unos 14 millones y medio de pesetas), que compartieron con otros vecinos de Alhaurín. Esta compra se hizo ante notario y fue saldada completamente en Abril
de 1540, firmando como testigos Rodrigo Amor, morisco de Almoxia y Alonso de Avellano.
En otra ocasión, esta compañía vendió 150 cueros vacunos al pelo, de machos y
hembras, de los que compraron en las carnicerías de la ciudad a precio de 13 reales (unas
28.000 pesetas ) el cuero de vaca castellana y a 10 reales ( 21.000 pesetas) los cueros de
bueyes moriscos, siendo a 15 reales (31.500 pesetas) los cueros de toros.
Éstas y otras operaciones comerciales le producían buenas ganancias a Zamarrilla
que, al no existir bancos en la época, invertía en tierras y bienes inmuebles el dinero
conseguido. Y así transcurría la vida de estas personas hasta que a fi nales del año 1542 o
principio de 1543 Zamarrilla y su esposa fueron denunciados a la Inquisición por prácticas
de ritos pertenecientes a la religión musulmana.
El sistema era simple. Se les encerraba en las cárceles de la Inquisición, se les
expropiaban todos sus bienes muebles y raíces que, inmediatamente, eran vendidos en
subasta pública. Se escudriñaba cada rincón de la casa buscando lugares donde pudiera
estar oculto cualquier objeto de valor, libro de cuentas, escrituras, testamentos, deudores,
en suma, todo lo que pudiera dar algún benefi cio e inculpar a otras personas. Se les abría
un proceso del que nunca saldrían con vida o, en el mejor de los casos, reconciliados pero
sin un céntimo.
Esto lo podemos leer directamente en el siguiente documento:
Leonor de morales reconçiliada, vezina de Malaga y Alonso hernandez çamarrilla
condenado, su marido, el secresto de los susodichos vendio gaspar de velasco y le
va cargado en las quentas que se le tomaron en el año de 1545 y lo que del secresto
del susodicho se dexo por averiguar y despachar esta en quatro pliegos firmados
de my alonso guerrero que se an de sacar para el dicho rreçeptor o darselos ansy
pues queda en poder de my el dicho notario el secresto original.
y en otro documento:
Sepan quantos esta carta vieren como yo Melchyor de Linares vezino que soy
desta noble e muy leal çivdad de Malaga digo que por quanto yo obe e conpre de
Gaspar de Belasco, reçebtor del Santo Ofi çio de la Ynquisiçion de la çibdad e reyno
de Granada una heredad de viñas que fue de Alonso Hernandez de Çamarrilla31
preso en la carçel del dicho Santo Ofiçio de la Ynquisiçion y de Leonor de Morales,
morisca su muger la qual dicha heredad de viñas con sus arboles...( etc). a diez y
siete dias del mes de Abril año del nasçimyento de nuestro salvador Jesucristo de
myll e quinyentos e quarenta e quatro años...etc.
Naturalmente que en la subasta de sus bienes también entró la ya conocida huerta
del Cabildo en la que él había construido su casa32. El Deán y Cabildo de la Catedral
interpusieron demanda ante los inquisidores en enero de 1544 en la que pedían “ se les
entregase el expresado huerto de Samarrilla que aquel tribunal había confi scado por
vienes del Alonso Hernandez a cuio fi n...”. Presentaban todas las escrituras y sentencias
que ya conocemos.
El Santo Oficio falló que mientras viviese Hernán Pérez tendrían el usufructo del huerto
y pagarían los 100 maravedís y gallina anualmente. Al Cabildo no le cupo otro remedio
que esperar pacientemente a que Hernán Pérez falleciera para recuperar la huerta.
En la muy noble nombrada y gran çiudad de Granada quinze dias del mes de
Mayo año del nasçimyento de nuestro salvador Jesucristo de mill e quinyentos e
quarenta y nueve años. Ante el muy magnifico señor dotor Luys Messia, Juez por
sus magestades de los bienes confi scados por el Santo Ofiçio de la Ynquisiçion
desta dicha çiudad y reyno y en presençia de mi Françisco Suarez escrivano de su
magestad y de la Audiençia del dicho Juzgado paresçieron presentes el canonigo
Bartolome de Baena y el dotor Çumel en nombre del Dean y Cabildo de la Yglesia
de Malaga... ( etc) y despues de muerta la susodicha madre traspaso dicha huerta
en Alonso Hernandez Çamarrilla condenado por este Santo Ofiçio... y muerto el
susodicho Hernan Perez...”
A pesar de todos los pronunciamientos a su favor el Deán y Cabildo tuvieron que
esperar el fallo del juez que se dio
En la çiudad de Granada treze dias del mes de Jullio de myll e quinyentos e çinquenta
e un años... de y entregue y restituya a los dichos Dean y Cabildo en nombre
de la dicha Santa Yglesia la huerta contada y deslyndada en su pedimyento syn
hazer condenaçion de costas contra nynguna de las partes ansy lo mando asentar
por auto Dotor Messia / yo Françisco Suarez escrivano fui presente...”
Un año después, en 1552, el Deán y Cabildo reunidos según costumbre volvieron a
arrendar el huerto:
...a vos Miguel Sanchez de Orgaz tendero e Catalina Gomez su muger vezinos desta
çibdad que soys presentes conviene a saber un huerto desçercado que... avemos e
tenemos en esta çibdad en el arrabal de Santo Domingo a las espaldas del dicho
monesterio el qual solia tener e poseer Alonso Hernandez Çamarrilla condenado por
el Santo Ofiçio de la Ynquisiçion de la çibdad e reyno de Granada que alinda...”
El precio del censo varió sensiblemente:
...myll maravedis de los de la moneda usual e de la que corriere al tiempo de las
pagas e un par de gallinas buenas bibas castellanas de dar e reçibir de çenso e
tributo en cada un año pagado en esta dicha çibdad de Malaga... la mytad por el
dia de Pasqua de Navidad e la otra mytad por el dia de San Juan de junio y las
dichas dos gallinas por el dia de Nª Sª de la O de cada año que cae a ocho dias del
mes de diziembre...”
La primera condición que el Deán y Cabildo impusieron a los nuevos arrendatarios
fue que debían cercar el huerto: “...de dos tapias en alto e media tapia de çimyento de cal y
arena e con su resto e cavallete de medio ladrillo de manera que todo el dicho huerto quede
çercado...” Para ello le dieron dos años de plazo y en el caso de que así no se hiciera, ellos
mandarían construir la cerca pasándole factura al matrimonio y además serían penalizados
judicialmente por el importe del censo.
Volviendo unas líneas atrás, fijémonos en lo subrayado : “ el qual solía tener e poseer
Alonso Hernandez Çamarrilla ...” Este apellido Zamarrilla será el nombre que se dé a
partir de estos hechos, no sólo al huerto sino también a la cruz del humilladero del camino
que va a Antequera, dada la proximidad que existe entre la huerta y la mencionada cruz.
En el pueblo malagueño, y en los habitantes de lo que empezaba a ser el barrio de
la Trinidad, había calado muy honda la tragedia que sufrió Zamarrilla. Primero porque
era muy conocido por los vecinos, después fue el engaño en que cayó al comprar el huerto;
el silencio del Deán y Cabildo durante dos años para aprovecharse de él y de las mejoras
realizadas en el huerto; después la Inquisición haciendo desaparecer a Zamarrilla y el
enfrentamiento entre ésta y el Cabildo y, por último, la tensa espera del fallecimiento
de Hernán Pérez, momento en que el Cabildo se vuelve a enfrentar a la Inquisición para
recuperar la huerta. Así, en el corto espacio de 10 años, la cruz pasó de no tener nombre a
tomar el de Zamarrilla.
A lo largo de los dos siglos siguientes veremos cómo el nombre se perpetúa tanto en
estos dos lugares, que desaparecerán, como en otros próximos que también se perderán
materialmente en la continua transformación de la ciudad hasta perdurar únicamente en
la actualidad en lo que conocemos con el nombre de la “Ermita de Zamarrilla” y la calle
Zamarrilla.
En 1568 tenemos un documento en el que se hace una transación comercial entre
Juan Hurtado, como principal, y Pedro Torres y Miguel Sánchez, de la otra parte. El notario
escribió en el margen de la escritura: “Taverna a la calle de los marmoles. Fiadores:
Pedro Torres e Miguel Sanchez, hombres del campo, que Pedro Torres bibe en la guerta
de Zamarrilla.”
En 1583 leemos:
Luis de Santistevan vezino desta çiudad digo que Pedro de Santistevan my aguelo
y por su fin y muerte Gaspar de Santistevan my tio tubieron y poseyeron una haça
en el muladar de la cruz que llaman de Çamarrilla con cargo de que pagase çierto
çenso perpetuo a los Propios desta çiudad y porque los dichos my aguelo y tio son
feneçidos suplico a vuestra señoria me haga la misma merçed que a ellos...
La familia Santistevan tiene el censo perpetuo de esta haza desde 1561 y en 1627
leemos en otro documento:
Mas se le cargan al dicho Mayordomo noveçientos y treynta y siete maravedis que
avia de cobrar de don Hieronimo de Santistevan por el marques de Coproni, maestro
de campo, general Pedro Rodriguez de Santistevan su tio por el senso perpetuo
que paga sobre la haça que dizen del muladar que esta dicha çiudad tiene junto
a la benta de Samarrilla...”
En esta última escritura observamos que la venta que había sin nombre en 1542 ya
se denomina y es conocida con el mismo topónimo de “Zamarrilla”. En cuanto a lo de “muladar” debemos recordar que en las Ordenanzas de la ciudad de 1611, folio 38v. se habla
de los Muradales: “ Los muradales se señalan donde se echen la basura e inmundicias en
una haça a las espaldas de una huerta de la Ginovesa, que es la dicha haça de la çiudad
que compro de Pero Lasso de la Vega, y los otros donde la ciudad proveyere y mandare.”
Fue en Abril de 1630 cuando Gerónimo de Santistevan presentó una solicitud en
el Ayuntamiento diciendo que : “...es dueño de la haça que llaman del Muladar, junto a la
Cruz de Çamarrilla, cuya propiedad es de esta çibdad por aberla dado a çenso perpetuo a
Luis de Santistevan, su padre, y la quiere repartir a solares...”
El Ayuntamiento le concedió el permiso pero seguiría cobrando el censo perpetuo a
las personas que comprasen los solares. Fueron nombrados los regidores Rodrigo Muñoz
Bacarizo, Diego Brabo Xuarez y Melchior de Muxica para que acompañaran al Corregidor
y medir y deslindar la parte de la haza que se vendía y saber lo que medía la parte restante
para muladar. Además del censo perpetuo, el Ayuntamiento cobraba la décima parte del
precio en que fuese vendida por Gerónimo de Santistevan.
Poco después, en 1649, se presentó una más de las epidemias de peste que asolaban
la ciudad de Málaga. Todas las precauciones eran pocas para evitar los contagios. Se cerraban
las puertas, se controlaban las calles casa por casa e, incluso, se construían tapias
para impedir el paso de vecinos de un barrio a otro.
D. Antonio Quintana, diputado del hospital del molino de la pólvora, dijo que ya no cabían
más apestados en ese lugar y que era necesario establecer un nuevo hospital en otro punto de
la ciudad. Reunido el Cabildo en Mayo de ese mismo año resolvieron que lo más conveniente
era el barrio que estaba junto a la cruz de Zamarrilla y que sin tardar se condujesen allí todos
los enfermos naturales y forasteros que se fueran presentando, que se eligiesen médicos, cirujanos, barberos, oficiales y sirvientes y que se construyera una fuente en el barrio, sacando el agua del arca de la Santísima Trinidad, en la parte más conveniente de dicho barrio.
Se nombró como médico a D. Manuel López, teniendo en cuenta su reputación y
ser el más moderno de los que había en la ciudad y se suplicaba al Marqués de Casares,
Corregidor de la ciudad, que allegara los fondos necesarios en sueldos y gastos de este
nuevo hospital.
Empezó a funcionar inmediatamente bajo el nombre de San Félix de Çamarrilla y
como junto al dicho hospital había una puerta de entrada a la ciudad con el mismo nombre
de puerta de Zamarrilla, se ordenó cerrarla y que todos los viajeros que viniesen fuesen
desviados hacia la puerta de San Andrés, -(En la actualidad, año 2004, se han descubierto
los cimientos de la Puerta de San Andrés en las obras que se realizan próximas al antiguo
Mercado del Carmen)- montando una guardia en el “...umilladero de la dicha Cruz de Çamarrilla...” evitando que saliesen o entrasen personas por ella. En Agosto de ese mismo año
la epidemia había cesado y el Cabildo dio la orden de que todas las casas que se habían
utilizado como hospital y las de la convalecencia fueran enjalbegadas completamente por
dentro y fuera, ventanas, techos, brocales de pozos y que los suelos fuesen lavados con
vinagre fuerte.
La Puerta de Zamarrilla volvió a usarse después de la epidemia. La naturaleza del
terreno y las corrientes de las aguas pluviales fueron determinando la formación de un
hoyo cada vez más profundo y extenso por lo que en 1686 el Ayuntamiento dio orden a los
asneros, bajo multa si no lo hacían, para que fuesen vertiendo todos los escombros que
produjera la ciudad en el mencionado hoyo hasta terraplenar por completo el terreno.
En las Décadas Malagueñas de Narciso Díaz de Escobar, de 1690 a 1699, se lee en
el día 4 de Mayo de 1695:
Fue arrastrado y ahorcado Francisco de Sevilla. Por la tarde el verdugo hizo pedazos
el cuerpo y sus pedazos se colocaron en diversos sitios. Los huesos fueron recogidos
por la Hermandad de Caridad. Se pusieron trozos en el Humilladero, en La Caleta,
junto al primer fuerte y en la Huerta del Acíbar
En esas mismas Décadas se refleja que el 6 de noviembre fueron recogidos los trozos
expuestos y enterrados por la misma Hermandad. Durante 6 largos meses permanecieron
pendientes de las cruces. Observamos que no se menciona uno de los humilladeros, precisamente éste, el que estaba en el camino real de los Mármoles, en el cruce de caminos próximo al lugar en el que posteriormente, unos 70 años después, se erigiría la Ermita del Cristo de Zamarrilla. Es muy probable que en esas fechas, finales del siglo XVII, ya tuvieran los
vecinos del barrio de la Trinidad la costumbre de rezar el Santo Rosario al pie de la cruz
de Zamarrilla, por lo que el verdugo no se atrevió a colgar ningún resto del ajusticiado en
ella o los mismos vecinos se lo impidieron.
A principios del siglo XVIII la Puerta de Zamarrilla continuó funcionando como
tal y, además, no se construía más allá de ella como lo demuestra el hecho de ser la zona
un lugar muy abandonado por la ciudad que la consideraba sitio propio para muladar. El
Ayuntamiento, en sus actas capitulares, recuerda a los vecinos cuáles son los vertederos
ofi ciales y recuerda las multas por no utilizarlos:
“...en los barrancos y lagunas del Egido y detrás del muelle a la parte de Levante
y detrás del convento de San Andres y en los barranqueros y haças que ay pasada
la puerta que llaman de Zamarrilla que son los sitios mas conpetentes en que se
puedan echar...”
En Junio de 1730 el padre fray Matías de Ávila, Procurador del Real Convento de
religiosos de Santo Domingo solicitó permiso del Ayuntamiento para edificar en la huerta
“ que disen de Samarrilla” de la que dicho convento es poseedor.
Y en octubre de 1731 don Carlos de Rubira Ossorio, Prebendado de la S.I. Catedral
comunicó al Ayuntamiento que el Cabildo catedradilicio le dio orden para construir casas
en la calle de los Mármoles, en sitio propio. Como ya había casas y querían que la calle
fuese recta solicitaron que el obrero mayor inspeccionase el lugar porque “siguiendo la
tapia de la huerta” había que tomar terrenos de la ciudad por un lado y ceder terrenos de
la huerta por otro. En diciembre del mismo año el Gobernador fue en persona y comprobó
que la petición era correcta y autorizó la construcción de las casas, línea que se conserva
en la actualidad, finalizando con la Ermita.
Y llegamos al año 1757 en que Juan Silvestre Gale y José Coronado por sí y en nombre
de los demás vecinos del barrio solicitaron permiso para hacer una capillita en la cruz de Zamarrilla, inmediata a las paredes de la huerta y en lo anchuroso del camino- no olvidemos que era un cruce de caminos que hoy son calles-- para colocar una imagen o cruz, donde el vecindario concurriese por la noche a rezar el rosario de Maria Santísima y plantar una alameda para hermosura y beneficio de los concurrentes. Los alarifes del Ayuntamiento inspeccionaron el lugar y, puesto que no perjudicaba a nadie, informaron favorablemente. En el margen del folio quedó escrito el informe : “…y decimos no aver encontrado obice ni perjuicio Si mucho consuelo a la devocion, compaña al pueblo y assimismo alivio a los que entran y salen de camino”.
“La ciudad acordó concederles ocho varas en quadro frente a la cruz de Zamarrilla”.
(La persona que desee comprobar este punto no tiene más que entrar en la Ermita
actual y desde el mismo dintel observar lo que fue la construcción primitiva: un recinto
cuadrado con una superficie aproximada de 40 m2.)
Unos años después, en 1768, la zona continuaba siendo utilizada también como fielato
para cobrar los distintos impuestos de las mercancías que penetraban en la ciudad;
era el conocido Peso de la Harina, que en la actualidad es la calle del mismo nombre. El
Cabildo informó que por ruina de la instalación se iba a construir un nuevo edificio y fijó
el sitio:
...en los callexones y camino que ba a los arrabales de el lugar de Churriana, Alaurin
y Torremolinos y otras partes que es como entramos en dicho callexon, sobremano
yzquierda, pegado a la zerca de la guerta del Cabildo de esta Ziudad y por frente
de la Puerta del guerto que arrima a la Capilla del Xto de Zamarrilla, de que damos
con arreglo sus condiziones en la forma y manera que se a de construir...Es
condizion que la Puerta que mira hacia Torremolinos llebe su aldaba morisca por
de dentro y que esta sea bien rezia y que la puerta que mira a la calle del Carril
llebara su zerradura con aldaba...
Este callejón era el camino que unía el Humilladero actual, en el que coincidían los
caminos de Torremolinos, Churriana y Cártama, con el camino de los Mármoles, teniendo
así un centro receptor único de alcabalas para las mercancías que provenían de esa zona
y de las que se recibían de los pueblos lindantes con el camino de Antequera y venían a
coincidir en el Peso de la Harina, si bien más adelante, en Puerta Nueva, se implantó una
aduana.
Fue en 1792 cuando la Cofradía del Santo Rosario, sita en la Ermita del Santísimo
Cristo de Zamarrilla, por boca de Marcos de la Rosa, Hermano Mayor, y Francisco Lefebre,
Mayordomo, pidieron permiso al Ayuntamiento para ampliar el edificio de la capilla porque
querían colocar en ella una imagen de cuerpo entero de la Virgen de los Dolores que habían
mandado tallar. Se les concedió el permiso para construir el cuerpo actual del edificio y,
aunque la Virgen de los Dolores pasó a formar parte de la Cofradía, durante todo el siglo
XIX la denominación de la Ermita fue siempre tratada en todos los documentos oficiales
con el nombre de Cofradía del Santo Cristo de Zamarrilla.
A finales del siglo XIX el historiador Medina Conde, en sus Conversaciones Malagueñas
habla de esta capilla y de su fundación y nombre, confesando que ignora por qué y desde
cuándo, remitiendo al lector a la memoria de otro historiador malagueño del siglo XVII , el
Padre Morejón (Casares, 1613 – Málaga 1678) que escribió diciendo que el nombre quizás
provenía de algún cristiano católico que puso la cruz allí, y él, Medina Conde, opina que se
debía a alguien de ese nombre al que se dio muerte en el lugar. También nos cuenta que la
Cofradía, el día de la entronización del Santísimo Cristo, se reunió para decidir el nombre
que le darían; a elegir entre este nombre, el de Señor del Camino y el de la Esperanza. En
el sorteo, las tres veces que se realizó, salió Zamarrilla y con él se quedó.
Ya en el siglo XIX Francisco Gomez Valdivielso declaró en su testamento, año 1800,
que estaba haciendo ocho niños de talla para un trono del Santo Cristo de Zamarrilla y
que ajustó con Francisco Corgaya en el precio de 1800 reales de vellón, habiendo recibido
a cuenta la mitad, 900 reales.
En 1801 el notario del Ayuntamiento hizo una escritura de hipoteca en la que señalaba
los linderos del terreno hipotecado:
– Por el lado de arriba de la Hermita del Santo Cristo de Zamarrilla
– por la parte de abajo Antonio García
– por arriba con Agustín Nuño
– Por la espalda fachada con los dos caminos, viejo y nuevo, que desde este pueblo
dirijen al de Antequera y Granada.
Es a partir de 1810 y en plena Guerra de Independencia cuando empieza a prosperar
la denominación simple de “Zamarrilla” para el espacio físico del entorno de la ermita.
Siguiendo la “Historia de Málaga durante la Revolución santa que agita a España desde
Marzo de 1808” de José Mendoza. (Con la presentación y notas de Manuel Olmedo Checa)
en su página 48 , 17/ 2 / 1810, leemos: “...a partir de este momento la infantería francesa,
con el apoyo de los jinetes de vanguardia, se dirigió a la Ciudad, en la que comenzó a entrar
sobre las siete de la tarde por Zamarrilla y calle Mármoles, alcanzando luego la Plaza...”
Cuando llegó la noticia de la visita del rey José Bonaparte a la ciudad se formaron dos
arcos triunfales, uno en la Puerta del Mar y el otro en Zamarrilla, se entoldó la Calle Nueva
y era obligatorio tener iluminación todas las noches que el rey permaneciera en Málaga.
Ese mismo año, el día 4 de Marzo, el Alcalde Mayor, a las dos del mediodía entregó en
Zamarrilla las llaves de la ciudad a José Bonaparte, que entró rodeado de 300 hombres de
su guardia real a caballo. Días más tarde, la guerrilla de Ronda se tiroteó con los franceses
en Zamarrilla, en el muelle y en La Caleta, dejando numerosos muertos.
En 1811 fue la partida de guerrilleros de Carvajal la que se enfrentó a los franceses en
Zamarrilla y, por último, Bellange, jefe de las tropas francesas, en 1812 hizo alto en Zamarrilla
cuando se retiraba, esperando al destacamento que estaba dinamitando Gibralfaro;
así destruyeron la torre vieja y dos torreones.
En cambio, en 1862, en un permiso de edificación que se pide al Ayuntamiento se
puede leer: “...parece una surtida inmediata a la Capilla del Santo Cristo de Zamarrilla...”
Es decir, que en este último año señalado de 1862, la advocación más importante por la que
se conoce la Ermita sigue siendo la del Santo Cristo. Esto nos hace pensar que el origen de
la famosa leyenda del principio de este escrito está muy próximo en el tiempo a nosotros,
quizás en la primera o segunda década del siglo XX.
En nuestros días la advocación que está predominando es la de “Ermita de la Virgen
de Zamarrilla”.
Zamarrilla de leyenda, Rosa Roja de Milagro, Trinitaria y Perchelera, Amargura caminando...
CONCLUSIÓN.
El cuento del bandido generoso tiene más de literario que de realista o histórico. Indudablemente está redactado para cumplir con una exigencia devocional y atraer, con cierto encanto, a los feligreses y vecinos más próximos a la ermita. En primer lugar es impreciso en el contexto histórico. El rey Carlos III murió en 1788 y en esa fecha la superficie del recinto de la ermita de Zamarrilla tenía una extensión aproximada de 40 metros cuadrados, lo que en la actualidad es el zaguán o entrada, de forma cuadrada, y en ella sólo se rendía culto al Santo Cristo de Zamarrilla.
En segundo lugar no olvidemos que la cofradía pidió al Ayuntamiento permiso para
ampliar la ermita a costa de terreno público del ensanche del cruce de caminos porque
tenían una imagen de la Virgen de los Dolores y no cabía en ella. El Ayuntamiento autorizó
la ampliación y en 1792 se hizo el traslado de la Virgen de los Dolores que estaba en la
iglesia del convento de la Trinidad.
En tercer lugar tengamos presente que una partida de cincuenta bandidos merodeando
por la serranía de Ronda, que era capaz de llegar hasta la capital de la provincia, debe dejar
huella de su paso por cuantos pueblos y ciudades entren en su recorrido y, curiosamente,
no se refleja en ningún bando, juzgado, archivo ni otras fuentes civiles o policiales.
El lugar ya tenía el nombre de Zamarrilla mucho antes de que la hermandad del
Santo Rosario del barrio de la Trinidad comenzara a rezarlo en la Cruz del Humilladero
del camino de Antequera en la última década del siglo XVII.
En cuarto lugar se cita el año 1800 y documentalmente comprobamos que en 1801 la
ermita sigue teniendo la advocación del Santo Cristo de Zamarrilla; es decir, que la Virgen
de los Dolores no tiene en esa fecha la importancia que se le da en el cuento.
Medina Conde, coetáneo de los acontecimientos, nunca mencionó la existencia de
bandidos con tanto renombre relacionados con la ermita.
Cuando se vende el huerto siempre se hace hincapié en que está poblado de árboles
de distintas especies.
Y por último los autores nos advierten desde el principio que “…Érase una vez…”,
frase con la que tradicionalmente empiezan los cuentos.
Lo más importante del presente trabajo es la identificación de la cruz existente en la
Plaza de la Cruz del Humilladero y el haber desentrañado el origen de Zamarrilla, que no
tiene nada de legendario y sí mucho de testimonio, olvidado por la memoria colectiva, de
los expolios realizados por la monarquía en nombre de la fe católica.
Sueño Zamarrillero (Imagen cedida por David Teide y Fernando Tirado). Gracias Amigos.
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Permalink Responder por joaquin ocaña el junio 18, 2011 a las 1:01am Me gusta mucho, enhorabuena a ti! =)
Permalink Responder por Paco Cubero el junio 18, 2011 a las 12:38pm Bienvenido a
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