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HISTORIA DE LAS COFRADIAS DE SEMANA SANTA

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Comentado por Colate Sala el marzo 8, 2011 a las 10:42am
Hola , quizás me podaís ayudar, necesitaría saber en que año desfiló en la Semana Santa de Málaga la primera mujer militar.gracias
Comentado por francis garcia el septiembre 29, 2010 a las 6:04pm
El Paso y la Esperanza:
1567 - 1890
El culto a las imágenes dentro del catolicismo fue muy temprano, pese a las controversias de los primeros tiempos, influidos por la tradición judía. El universo católico se decantó hacia fórmulas próximas a la tradición greco-romana y la representación de la divinidad pasó desde formas alfabéticas hasta el figurativismo realista y simbólico del Buen Pastor, tal como aparece en las catacumbas de San Sebastián por poner un ejemplo primerizo.
La regulación progresiva del culto debido a las imágenes y su clara finalidad didáctica y devocional fueron factores que primaron sobre los aspectos puramente artísticos, aunque es muy difícil establecer estas gradaciones con total seguridad; lo cierto es que la liturgia de imponente ceremonial y las manifestaciones de Dios, la Virgen y los santos, son una constante del catolicismo y una de sus características más importantes, esgrimida como signo de identidad y diferenciación cuando la unidad religiosa europea se rompió en el siglo XVI.
La cultura, en un sentido amplio, es un proceso de acumulación y superposición de planos diferentes; hay determinadas constantes que permanecen con el paso del tiempo adaptándose, pero sin perder su compleja identidad. Las cofradías y hermandades, uso el término como sinónimos para mayor comprensión, se organizarían muy pronto con un claro sentido de comunidades fraternas que cumplieran finalidades religiosas y de asistencia mutua. Estas asociaciones fueron alentadas por la Iglesia como medio de evangelización y de ordenación jurídica e institucional por su eminente posición entre laica y clerical. No es posible determinar con exactitud el nacimiento de las más antiguas cofradías, teniendo en cuenta que bajo este nombre son diversas las asociaciones que existen: de culto interno, externo que a su vez pueden ser de gloria o de pasión, puramente asistenciales, vinculadas por regla a alguna orden religiosa, etc. La tipología de las hermandades es variada y su historia accidentada y llena de aspectos sociológicos y culturales de extraordinaria significación; especialmente cuando una cofradía sobrepasa los límites de su barrio y a lo largo de los siglos es realidad importante en la vida civil y religiosa de una ciudad, como es el caso que nos ocupa. Por desgracia, la pérdida de preciosas fuentes documentales -pese a los meritorios estudios de investigadores contemporáneos- impide un análisis total de la historia y de la intrahistoria de nuestra Archicofradía. Qué hubiéramos dado por aquellas "estanterías llenas de los viejos legajos de la Hermandad".. "tiernos recuerdos cofradieros: fotos de algunos hermanos mayores, fotografías desteñidas, cuadros con indulgencia de la Hermandad", como nostálgicamente señalan Llordén-Souvirón.
No obstante, son importante los documentos conservados sobre la más popular de las hermandades malagueñas, la que de alguna forma representa la tradición y el espíritu renovador de la Semana Santa, la que sirvió "de base para las demás cofradías y hermandades malagueñas", como escribio Agustín Clavijo.
En 1487 los Reyes Católicos entraron en Málaga y en 1494 fundaron el convento de los dominícos, Santo Domingo el Real, que llegaría a ser verdadero museo y centro importantísimo de la vida espiritual de la ciudad. Allí se fundó la Cofradía del Nombre de Jesús y después la Hermandad de la Madre de Dios de la Esperanza; allí, unidas han vivido hasta 1988. Entre los venerables muros se desarrolla la labor de la Archicofradía en los mismos planos de crecimiento espiritual y asistencia entre sus hermanos desde el lejano siglo XVI en que tenemos las primeras noticias de la Hermandad del Nombre de Jesús. En 1567, el ocho de mayo, la comunidad y la cofradía llegan a un acuerdo para que la hermandad "labren a ley y pongan en toda perfección" la capilla que "estaba señalada para el capitán Hernán Lorenzo de Zafra" en un período de cuatro años. La fría formulística nos da otros detalles sobre obligaciones de las partes firmantes. Es evidente que la hermandad del Nombre de Jesús es anterior a esta fecha y en su antigüedad, una de las mejor documentadas entre las de la ciudad; donde, como es frecuente, las fechas de fundación se van hacia el pasado con demasiada facilidad.
Según aportación documental de Llordén-Souvirón, el día 8 de mayo de 1567, ante el escribano Diego de Astorga, se establecía el convenio mediante el cual, a cambio de la concesión de la capilla a la hermandad del Dulce Nombre de Jesús por los dominicos, ésta se obligaba a determinados pagos anuales.
En 1579 consta que la capilla del Dulce Nombre de Jesús estaba totalmente construida y decorada, ocupando el frente de la nave derecha de la iglesia, aunque más tarde en 1718, pasó a la que fue capilla de la Archicofradía hasta 1988.
Se trata, por tanto, de una fundación del XVI, en un momento en que la religión era el centro y eje de la sociedad española; mucho más después de Trento, consagración de una España brazo armado de Roma y donde todo se hacía con un sentido mesiánico y providencialista para la mayor gloria de Dios. En esta España triunfante, aunque en el camino de su declinar inexorable, la religión era el fundamento pues la salvación del alma - como afirmaban los moralistas de la época- era el mayor negocio del hombre. Usando negocio en el sentido más opuesto al mercantil y como signo de una manera de ver el mundo y de entender la realidad por parte de los estamentos dominantes que centralizaban la vida entera de la nación en torno a las manifestaciones más externas del culto divino o su trasunto en la oscura y rigorista corte de los Austrias. La España que reflejó la marquesa de Villars y los embajadores venecianos es el marco histórico en que nace la Archicofradía.


Son numerosos los testimonios documentales que encontramos a partir de 1590, y que ponen de manifiesto el desarrollo social que toma la corporación al tiempo que constatan su popularidad en la ciudad. Parece ser que su primera salida procesional tuvo lugar en la Semana Santa de 1606.
El carácter gremial de las hermandades es cuestión que se ha aceptado sin discusión hasta fechas recientes. Como ocurre a veces, de la afirmación se ha pasado a la negación. Por supuesto que había hermandades de gloria y de pasión de origen gremial, sirva como ejemplo anacrónico la de Santa Marta de Sevilla. Estas agrupaciones por oficios son anteriores al mismo catolicismo como religión oficial del Imperio y hay casos muy bien estudiados. Tradicionalmente se ha aceptado que fué el gremio de toneleros el que se agrupó para dar culto a Jesús Nazareno, una de las advocaciones de más tradición y antigüedad en Andalucía: la Archicofradía del Silencio de Sevilla y el popularísimo "Abuelo" de Jaén son ejemplos señeros. No disponemos de pruebas definitivas pero si que maestros toneleros ocuparon puestos de importancia y en periodos dilatados de tiempo en el gobierno de la Hermandad.
Pensamos que la expansión de la fama y del prestigio de la institución en todas las clases sociales fueron los factores que desdibujaron este origen. Sea como fuere, la Hermandad del Nombre de Jesús que salía el Viernes Santo con sus penitentes vestidos de morado fue desarrollando su andadura entre los cultos, los enterramientos y típicos pleitos por preferencias y privilegios, como los sostenidos con la Cofradía de los Hermanos de Santa Elena y la importante Cofradía de Nazarenos de Málaga, titulada de la Resurrección. La distancia en el tiempo no nos permite considerar la importancia que para la sociedad de la época, rígidamente estructurada, tenían estas cuestiones que se prolongaban por razón de honra durante años y podían acabar en la ruina material de alguno de los pleiteadores.
Nos hemos referido al carácter docente de las manifestaciones de culto que alcanza su punto más alto en los Autos Sacramentales; pues bien, lo más característico de la Hermandad -como ha señalado Díaz de Escobar- era la representación o Paso que se hacía con la imagen de Jesús Nazareno, la Virgen, la Verónica y San Juan, en la Plaza Mayor o de las Cuatro Calles en esa noche del Viernes Santo, como expresión material y teatral del encuentro de Jesús con su Madre en la calle de la Amargura, mientras un afamado predicador de oratoria fluida, hiperbólica y sentimental -el sermón relatando los más culminantes episodios de la Pasión de Cristo, siempre se encomendaba al mas reputado orador de la comunidad de dominicos-. Quizás fueran en el cortejo alegorías y personajes vestidos a lo que se entendía por usanza de la Biblia: profetas, santos, sibilas, etc. Antecedentes medievales se encuentran en estos actos, aunque la escenografía es de un efectísmo barroco significativo. Se simulaba el encuentro de la Virgen con su Hijo en la calle de la Amargura, saliendo ésta por la actual calle de Granada, acompañada por san Juan Evangelista y la Verónica y como las imágenes eran articuladas, la Verónica desdoblaba el sudario ante la faz del Nazareno, la Virgen enjugaba sus lagrimas. El momento más importante era y es -ya eliminado con el tiempo el resto de la representación- la Bendición del Nazareno ante el pueblo -fuente de tradiciones milagrosas y anécdotas innumerables- que lleno de contrita devoción, la recibía postrado de rodillas.
Así continuó durante el espacio de muchos años, constituyendo el acto más característico de la Semana Santa de Málaga, hasta que el indiferentismo moderno, que parece se complace en hacer desaparecer todas estas bellas tradiciones populares, dio fin a este acto religioso, que dejó de efectuarse a mediados del siglo XIX. Al margen de su mayor o menor verismo histórico, indiscutiblemente reflejaba las razones iconográficas de la advocación popular de "Jesús Nazareno del Paso". Documentos del siglo XVIII y principios del XIX describen la procesión del Dulce Nombre de Jesús insistiendo en la representación de diversos pasos de la Pasión de Cristo y la terminación del acto con la bendición del Señor, todo ello realizado en la Plaza y, a veces, ante el palacio episcopal. Al mismo tiempo, la referida escenificación y bendición del Nazareno del Paso da origen a una amplia literatura popular.
La Hermandad llegó a tener un gran auge y en 1648, una mujer María Gracia, dispone ser enterrada en la capilla del Dulce Nombre de Jesús "por pertenecer a la Hermandad de la Esperanza".

No hemos querido empezar con el tan repetido: Reinando en España la católica Majestad de Felipe IV y siendo Obispo de Málaga Fray Antonio Enríquez, el 16 de junio de 1641, se fundó en Málaga la Hermandad de los setenta y dos hermanos de la Madre de Dios de la Esperanza. Hemos querido empezar por esa viuda de José Horozco que desea descansar en la cripta de su cofradía y que deja en su testamento una libra de cera para la imagen de la Esperanza "que está en la plaza pública de la ciudad", refiriéndose posiblemente a la que se encontraba en la fachada del Ayuntamiento. Son los nombres más o menos anónimos de Francisco del Arroyo y su esposa María Ximénez, de Juan Berlanga, de Asensio de Salas, de Melchora Ruiz, Juan Ramírez de Madrid y tantos otros, los que acaban su vida en la capilla dominicana y crean la tradición en una Archicofradía donde cada Titular tiene su personalidad definidísima y donde toda la sociedad malagueña se sintió y siente identificada, cada uno a su manera.
Afortunadamente, se conservan las primitivas Reglas de la Hermandad de la Esperanza, fechadas el 16 de junio de aquel año, en las que se afirmaba que aunque sea congregada e incorporada a la del Dulcísimo Nombre de Jesús, sita en el mismo convento, la dicha cofradía del Dulcísimo Nombre de Jesús no ha de tener entrada ni salida con esta hermandad ni meterse en el gobierno ni cosa que toque a ella, porque no ha de tener mano en cosa alguna, respecto de que es fundación de por sí, y aunque ha de andar agregada a ella, ha de ser solamente para el dicho acompañamiento de la dicha procesión del Viernes Santo y que salga con mayor decencia con autoridad que se le dará acrecentándole este nuevo acompañamiento (Llordén-Souvirón).
Como recuerdos de aquellos tiempos queda el que cada Hermandad conserva su guión y no es capricho que en la noche mágica del Jueves Santo se paseen llenos de historia por las calles de Málaga, aunque hoy, por su regulación precisa, no se entra en pleitos como el famoso de 1683 de la familia Noriega para seguir llevando el "estandarte" (guión).
Estas reglas tienen un valor extraordinario para comprender la regulación de las Cofradías. Se hace pues necesario un comentario algo detellado del documento.
La constitución se celebró en la Sala Capìtular del convento, ante el escribano y los testigos Yuso escrito (abajo reflejados). Son 24 los nombres que aparecen; los apellidos y nombres no nos dicen demasiado. Manifiestan su voluntad "ha muchos días", de fundar la Hermandad de los setenta y dos discípulos de la Virgen de la Esperanza en ese convento y desean, usando la típica estructura intensiva, "que sea congregada e incorporada a la del Dulcícimo Nombre de Jesús". Entre los presentes, no todos sabían escribir porque dirá el escribano Martín Delgado: "y lo otorgaron y firmaron los que supieron y por los que no, un testigo."
No hay declaración doctrinal en las Reglas, consecuencia del espíritu de la época y de que posiblemente, al quedar integrada, se regulaban en este aspecto genérico por las Constituciones más antiguas de Jesús Nazareno. De tal modo que se pasa directamente a la ordenación de la vida de la nueva corporación en sus grandes apartados:
1. Admisión y número de hermanos.
En este punto, la estructura es cerrada, caso muy frecuente y que se ha mantenido como en el Santo Entierro de Sevilla. La razón puede ser por el carácter gremial, de grupo o clase social o -como algún investigador defiente- por una tradición simbólica. La razón no impide que la Hermandad de la Esperanza, como demuestra la gran cantidad de testamentos, sobrepasó muy pronto la cifra inicial. Todos los otorgantes de las Reglas que después aprobaría la autoridad eclesiástica, quizás con la incorporación de fórmulas que aquí no aparecen, quedan como hermanos y los que deseen ser recibidos entregarán: un ducado, un cirio de tres libras y un real para "luminaria" (cuota) mensual. No obstante, hay una nota precisa de que no se excederá el número de setenta y dos. La admisión se hacía por mayoría de los hermanos y siguiendo un recto sentido moral en los aspirantes que deberán ser "gente de bien y acudan a sus obligaciones".
2. Procesión.
Saldría con la del Paso, el Viernes Santo. Cada hermano tendría su túnica "de lienzo morado, redonda, y no azugonada". En esta frase se recoge el sentido de severidad penitencial de la Hermandad, muy en línea con las Pragmáticas y otras regulaciones que sobre los abusos del lujo y de ostentación en estos actos de penitencia, dictaban los poderes civil y eclesiástico. Famosas en este sentido fueron las Sinodales del Cardenal Niño de Guevara para Sevilla en 1604, las del Obispo de Málaga Fray Alonso de Santo Tomás en 1671 y las del Rey Carlos II en 1672 para todo el reino. Son muy numerosos los textos de la época en que se refiere la relajación en las procesiones que, a veces, eran pretexto para encuentros sentimentales, venganzas, -aprovechando el llevar el rostro cubierto- o mortificaciones teatrales y exageradas, así como lucimiento externo. Sólo se justifica al hermano que no salga en caso de ausencia o de enfermedad, teniendo que poner un sustituto. No hay ninguna referencia a los disciplinantes; y los hermanos se repartirán, no se especifica cómo, los acompañantes con las velas. Si no cumpliesen estas normas "a ello se les ha de poder apremiar". Tenemos que imaginar una procesión sencilla, con andas simples y el seco golpear de los horquilleros por las estrechas callejas de una Málaga todavía musulmana en su estructura urbanística. La imagen de la Esperanza, la más antigua de las que se procesionan en nuestra ciudad, cubriría su belleza, quizás bajo telas negras como se hacía a principios de siglo.
3. Enterramientos.
El conjunto de artículos más numerosos de las Reglas lo constituyen las normas que se refieren a los enterramientos. El derecho es para los esposos y para la madre del hermano si fuere soltero. La Hermandad pagará las veinte misas, entierro y acompañamiento. Hasta cuarenta hermanos debían acompañar con círios al difunto. El texto es detallista y preciso, regulando los derechos de las viudas y huérfanos de los cofrades difuntos.
4. Cargos.
Por su importancia se nombraba un "padre de ánimas", cargo hoy desaparecido, que se cuidaba exclusivamente de los enterramientos. La vida normal de la institución la organizarían dos mayordomos que tendrían las dos llaves del arca donde se guardaban los bienes de la Hermandad. Los cargos eran por un año prorrogable y los elegidos, responsables antes los demás hermanos.
La medida previa de hipoteca de bienes para los elegidos como forma de responder ante los demás, se puede entender como un principio de discriminación económica; pues hoy nos parece que los candidatos tenían que poseer cuantiosos bienes. En el siglo XVII no era así, basta repasar los inventarios y muchas veces eran más una relación de deudas que de propiedades.
Lo que sí es llamativo es el sentido de obligatoriedad que la elección imponía. Si el padre de ánimas no aceptaba el nombramiento, pagaba dos ducados; si eran los mayordomos, una arroba de cera cada uno para la Hermandad. La elección anual se hacía en Cabildo el domingo de Lázaro.
5. Otros aspectos.
La Hermandad tendría su Libro de Reglas donde se recogerían estas Constituciones, los nombres de los mayordomos y las cuentas. Al principio, mantuvo autonomía, como se desprende del párrafo: "que la dicha Cofradía del Dulcísimo Nombre de Jesús no ha de tener entrada ni salida con esta Hermandad ni meterse en el gobierno ni cosa que toque ella". La agregación se hacía con la exclusiva finalidad de salir juntas en la procesión del Viernes Santo; pero la historia de la institución demuestra que la vinculación de ambas Hermandades fue total.
En estas primitivas reglas aparecen los nombres de Salvador Luque como padre de ánimas, de José Horozco y Juan Rodríguez de Gámez como mayordomos. Estos últimos hipotecaron sus bienes por el período de un año. Estaban presentes en este histórico momento los mayordomos de la Cofradía del Dulcísimo Nombre de Jesús, Francisco Ortíz y Diego Muñoz. Es curioso señalar que en el texto aparece nombrado en primer lugar el padre de ánimas antes que los mayordomos. Todo se hizo "para mayor servicio de Dios nuestro Señor".

Durante los siglos XVII y XVIII el auge de la Archicofradía fue evidente, como lo demuestra el gran número de hermanos con que contaba, así como la popular devoción que gozaban las imágenes de Jesús Nazareno del Paso y Nuestra Señora de la Esperanza. La Archicofradía mantuvo una línea ascendente, hasta el punto que, con motivo de una epidemia, los hermanos de la Esperanza llevaron las Andas del Señor de la Salud, copatrono de Málaga.
Los beneficios espirituales en forma de bulas, indulgencias y otros privilegios se acumulaban, al mismo tiempo que el carácter de la institución que agrupaba a los más diversos invididuos, se reafirmaba. Cuatro privilegios de PauloV, las prerrogativas otorgadas por Clemente X, las gracias especiales concedidas por Benedicto XII, Inocencio XI , Pío IV, Pío V, y tantos y tantos otros pontífices, confirman la vitalidad espiritual y el enriquecimiento material de la corporación, del que son buenos ejemplos las dos piezas de ajuar más valiosas de la Semana Santa malagueña según Temboury: la túnica morada y bordada del Señor y la cruz de plata y ébano del mismo.
Todas las instituciones están sometidas a las vicisitudes de la historia. Sabemos que muchas hermandades gremiales desaparecieron con la decadencia de los gremios en el siglo XVIII.
La Archicofradía sufrió en el siglo XIX un retroceso en su expansión por dos causas fundamentales. En primer lugar, la entrada en Málaga de las tropas francesas al mando del General Sebastiani, siendo objeto la Archicofradía de un sistemático saqueo, perdiéndose muchos enseres procesionales y parte de su importante archivo, destacando la salvación del expolio de la cruz del Nazareno gracias al mayordomo Francisco Utrera. En segundo lugar, las medidas desamortizadoras y los vaivenes políticos impidieron el desenvolvimiento normal de la vida corporativa, al menos en lo que a procesión se refiere. Las salidas son esporádicas y la prensa las recoge sin continuidad. Esto no quita que la popularidad de la Archicofradía no decayera pese a las dificultades materiales y que conservara algo de su patrimonio. La Hermandad de la Esperanza tenía panteón propio en el cementerio.
De 1891 se conservan unos Estatutos que detellan más los aspectos que se refieren a procesión: regulan las distancias, el número y orden de los cargos, así como las formas de acceder a los mismos. El color del Señor sigue siendo el morado: el de la Virgen, el negro. En la procesión se distinguen: los bastoneros, campanilleros, "correonistas" (hombres de trono), "penitentes y hachistas" (insignias y penitentes). Ya en estas Reglas hay un artículo que nos puede hacer pensar en un mayor tamaño de los tronos o en dejar la tradición de las horquillas, pues se indica que el número de correonistas será de "diez y seis" y si cambiara la forma de llevar las imágenes pasarían a "rodear el trono y dirigir su marcha". Mucha menos importancia tiene lo referido a enterramientos.
La crisis de finales del XIX se cierra, si podemos fijar una fecha, en 1908 y siendo Hermano Mayor Manuel Ortiz. Desde este momento el crecimiento será uniforme y rápido hasta 1931. En 1908 se estrenó el trono del Señor de A. Rodríguez Zapata y en 1916 el de la Virgen, de la Casa Ureña de Valencia. La ruptura con los planteamientos anteriores es enorme, la formulación estética cambia y la Archicofradía se convierte en modelo para la Semana Santa malagueña en su conjunto. Será la década 1920-1930 la más brillante en esta etapa de recuperación.
Comentado por francis garcia el septiembre 29, 2010 a las 1:33pm
Hermandad del Dulce Nombre
En el año 1987 se funda esta Hermandad por un grupo de jóvenes de las escuelas salesianas. 2 años después se reorganiza y se agrega la antigua Hermandad del Dulce Nombre del convento de la Trinidad, cuya imagen mariana se bendicen en 1990 obra de José Dueñas. En 1993 se bendice la imagen del Cristo de la Soledad, del mismo autor; y un año más tarde se aprueban las reglas. En 1998 realiza su primera salida procesional la imagen del Señor por la feligresía. En el 2000 se bendice la nueva imagen del Cristo de la Soledad, obra de Antonio Bernal al que se le encarga el grupo escultórico. En 2003 ingresa en la Agrupación de Cofradías realizando su primera salida por recorrido oficial en domingo de ramos y haciendo estación de penitencia en la Catedral. Un año más tarde se funda la banda de cornetas y tambores "Lágrimas de San Pedro" propiedad de la Hermandad. En 2005 se bendice la nueva imagen de María Santísima del Dulce Nombre, de Antonio Bernal, realizando una salida ordinaria por el barrio.
Comentado por francis garcia el septiembre 29, 2010 a las 1:31pm
EL HUERTO:

La Archicofradía Sacramental de Nuestro Padre Jesús Orando en el Huerto, Nuestra Señora de la Concepción y San Juan Evangelista, es el resultado de la fusión de tres cofradías; la Archicofradía Sacramental de los Santos Mártires, la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Orando en el Huerto y la Cofradía de la Concepción Dolorosa.

La de Nuestro Padre Jesús Orando en el Huerto, instituida en el Cenobio franciscano de San Luis el Real fue reorganizada el 1º de Noviembre de 1756 por el gremio de Olivareros y Aceiteros y es en ese año en el que se encarga al imaginero Fernando Ortiz una nueva talla de la imagen del Señor, para sustituir a la que tenía, "por hallarse la misma de hechura antigua".

La desamortización de 1835-36 obligó a esta corporación a buscar acomodo en otros templos, en primer lugar en el de la Aurora del Espíritu Santo y posteriormente en la Parroquia de los Santos Mártires.


La Cofradía de Nuestra Señora de la Concepción Dolorosa tiene su fundación primera en los inicios del siglo XVII bajo la advocación de "Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora", erigida igualmente en la iglesia del Convento franciscano de San Luís el Real.
Ya a fines del siglo XVII era llamada Cofradía de Nuestra Señora de la Pura y Limpia Concepción. Fue reorganizada en 1730 con la advocación de Dolorosa.

Por el Real Despacho de Su Majestad, la Reina Isabel II, de 11 de Octubre de 1865, que se incorporan a los Estatutos de 1867, en ellos se hace constar la fusión de esta Cofradía con la Pontificia Archicofradía Sacramental de la Parroquia de los Santos Mártires. Archicofradía ésta que hunde sus raíces n los primeros años de la toma de Málaga por los Reyes Católicos, teniendo constancia documental en el año 1520, siendo Sumo Pontífice el Papa León X y estando agregada a la Pontificia Archicofradía Sacramental de Santa María Supra Minerva de Roma, disfrutando de todas sus gracias y privilegios.

Se constata que a finales del siglo XVIII, tenía como agregadas suyas las Cofradías del Santo Cristo de la Columna y San Pedro, así como un Cristo Coronado de Espinas. En 1838 es trasladada e instituida en la Parroquia de los Santos Mártires en la Capilla de los Condes de Villalcázar y Mollina, patronos perpetuos de la Hermandad, con nombramiento de dicha condición en la reforma de Estatutos de 1856, en calidad de Hermano Mayor.

En el siglo XVIII la Archicofradía Sacramental de los Santos Mártires, reformó a sus expensas la Parroquia, dándole su estado actual y llenándola de motivos Sacramentales continuación de la parte sacramental.
Comentado por francis garcia el septiembre 29, 2010 a las 1:01pm
EL ROCIO
HISTORIA:


En 1706 la cofradía se constituyó con el nombre de Sto. Cristo del Monte Calvario por un grupo de franciscanos mínimos de la Victoria que se establecieron en la capilla del Hospital de San Lázaro. Entre los motivos principales para la organización de la hermandad se encontraba además de dar culto al titular, la necesidad de practicar la devoción del Vía Crucis subiendo al Monte Calvario todos los viernes del año, tradición que hoy se mantiene y que en los años 40 mereció por parte del ayuntamiento de la ciudad su catalogación como "Vía Crucis oficial de la ciudad de Málaga".

Los primeros estatutos fueron aprobados en 1711, en los que quedaba consagrada como obligación de los cofrades la práctica de la devoción del Vía Crucis. En estas constituciones queda instituido el culto a Nuestro Padre Jesús Nazareno con el título de "los Pasos".

Durante el Siglo XIX, la procesión que salía cada Viernes Santo desde San Lázaro hacia el Calvario con el Nazareno, la Verónica, San Juan y la Virgen, llegó a ser uno de los actos principales de las celebraciones de la Semana Santa Malagueña, hasta que en los albores del nuevo siglo prácticamente desapareció.

En 1922 un grupo de hermanos reorganiza la cofradía y en 1924 son aprobados otros nuevos estatutos.

A partir de este momento, y ya integrada en la agrupación de cofradías, la hermandad efectúa su procesión por las calles malagueñas en la noche del Martes Santo.

El 11 de noviembre de 1928 es bendecida la imagen de la Virgen del Rocío, que fue donada por una familia malagueña. Entre las condiciones que el obispado de Málaga establece para la incorporación de la advocación mariana a la reorganizada cofradía, está la de que la ermita de San Lázaro pase a depender de la parroquia de Santiago, de ahí la presencia en el escudo de la hermandad de la Cruz de Santiago.

No obstante en 1931, la primitiva imagen de la Virgen fué retirada por la familia propietaria de la misma, sin que esta hubiese llegado a ser procesionada, por lo que la hermandad decidió encargar una imagen al imaginero valenciano Pío Mollar, siendo ésta la primera imagen que se procesiona por las calles de Málaga.

En Mayo de 1931 desaparecieron las imagenes de los Sagrados Titulares en la quema de imagenes e iglesias. Meses después, la junta de gobierno volvió a encargar a Pío Mollar la imagen de la Virgen.

Tras la Guerra Civil se reconstruye la hermandad, que comenzó esta nueva etapa con la restitución del culto a sus Titulares: la imagen de la Virgen realizada en 1932 y salvada en el 36; y la del Cristo, de nueva factura, ya que la anterior había sido destruida.

En 1977, y teniendo en cuenta el mal estado en que se encontraba la talla del Nazareno, la junta de gobierno decide sustituirla por una nueva imagen, esta vez del imaginero sevillano Antonio Eslava Rubio.

El 22 de Mayo de 1983 se colocó la primera piedra en un solar de la calle Amargura que en un futuro albergaría la casa de hermandad de la cofradía. Esta fue inaugurada en 1985.
Comentado por francis garcia el septiembre 29, 2010 a las 11:33am
DOLORES DEL PUENTE

A finales del siglo XVII, en tiempos del Obispo dominico Fray Alonso de Santo Tomás, un vecino de la ciudad llamado Juan Valverde construyó a su costa una capilla callejera en las inmediaciones del puente, en la cual se habría de dar culto a la imagen de un Crucificado bajo la advocación del Perdón. La intención con la que se fundó la capilla era la de dar luz al ámbito de la calle Marqués y evitar así los "pecados y abominaciones" que se daban en aquel lugar.

Capilla callejera construida por Juan Valverde a finales del siglo XVII.La Virgen de los Dolores del Puente procesionada por las calles de la feligresía.La devoción a la Virgen de los Dolores la introdujo un feligrés de San Juan llamado Martín Federico, quien fundó un rosario nocturno en 1747 popularmente conocido como Hermandad de los Tiñosos, ya que parece ser que aquel se dedicaba a sanar dicha enfermedad. Al no tener otro lugar para ello solicitó permiso para depositar la imagen de la Virgen y los enseres en la capilla de Cristo del Perdón. Al poco tiempo surgieron desavenencias entre ambas instituciones, disolviéndose el Rosario y quedando la imagen de la Virgen en dicha capilla.

Nuestra Señora de los Dolores delante del antiguo túnel delante de la puerta de la Iglesia de Santo Domingo.Con posterioridad a estos hechos se ignora la suerte que correría la imagen de Cristo del Perdón ya que no ha sido posible encontrar noticias que se refieran a ella, pues sólo la imagen de la Virgen continuó recibiendo culto ininterrumpido.

En 1927, los atirantados de la zona de la actual plaza de Arriola obligaron a demoler la antigua capilla y por tal razón la imagen de la Virgen fue trasladada al otro lado del río, concretamente a la fachada este de la iglesia de Santo Domingo, donde la Archicofradía de la Esperanza le labró una pequeña capilla que ha subsistido hasta 1992, año en el que se procede a su demolición para construir la que actualmente ocupa.

Nazarenos de la cofradía por las calles del Perchel (Perchel Norte).La etapa actual de la Cofradía parte de su reorganización en 1982, previamente a ella, a finales de la década de los setentas comenzó a rendírsele a la imagen un culto algo más brillante que el que se le El Cristo del Perdón y Nuestra Señora de los Dolores procesionados juntos en su primer trono.tributaba anualmente con motivo de su septenario; ya en ese año, y a instancias del entonces Párroco de Santo Domingo D. Antonio Ramírez Mesa (q. e. p. d.), se constituyó una Comisión Reorganizadora de la que fue Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón y Ntra. Sra. de los Dolores.

Entre 1983 y 1986 la Cofradía siguió realizando su procesión el Viernes de Dolores por las calles de la feligresía. En la Cuaresma de 1987, siendo ya miembro de la Agrupación de Cofradías, se bendijo la imagen del Stmo. Cristo del Perdón y en esa Semana Santa hizo su primera salida Procesional en la noche del Lunes Santo. Al año siguiente realizó su primera Estación de Penitencia en la Santa Iglesia Catedral. No obstante no sería hasta 1992, tras un largo proceso de restauración realizado por los propios hermanos, cuando se instalara en la capilla que actualmente ostenta.



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Comentado por francis garcia el septiembre 29, 2010 a las 1:00am
HERMANDAD DE LA COLUMNA (GITANOS)

La primera referencia documental de la Hermandad data de 1682, en un testamento en el que se habla de la “Hermandad del Santo Cristo de la Columna de la Iglesia de la Merced”.

Hasta 1799 no volvemos a encontrar noticias relevantes, en esta fecha la Hermandad convoca un concurso para realizar la imagen del Cristo. El cabildo se convocó en el Convento de la Merced, y se realizó el encargo a Francisco de Paula Gómez Valdivieso.

La imagen no se procesionaria hasta bien entrado el siglo XIX, por dedicarse la Hermandad a las actividades asistenciales, concretamente, al enterramiento de hermanos, siendo la primera Cofradía malagueña en enterrar a sus miembros en camposantos.

Hay constancia documental de salidas procesionales a mediados del siglo XIX, asociada frecuentemente con otras cofradías mercedarias, especialmente con la del Traspaso y Soledad de Viñeros.

Tras un periodo de decaimiento en la actividad cofrade, resurge con nuevas fuerzas en los años 20 de la centuria pasada.

La vinculación con el pueblo gitano tiene sus orígenes desde la fundación de la Hermandad, a la que pertenecían muchos integrantes del gremio de herreros, al que tradicionalmente pertenecían muchas personas gitanas.

En los sucesos de 1931 y 1936 la Hermandad pierde todo su patrimonio salvándose solamente los cuatro angelitos que tallara Valdivieso para la peana del Cristo. Estos angelitos se siguen procesionando en la peana de la actual imagen de Nuestro Padre Jesús de la Columna, que fue realizado por el escultor gitano, Juan Vargas Cortés, en 1942.

La Hermandad que nunca había contado con una imagen mariana, incorpora a su título el de María Santísima de la O, realizada por Francisco Buiza Fernández, y bendecida el 14 de marzo de 1970, por el entonces párroco de la Iglesia de los Mártires, Rafael Jiménez Cárdenas, sede canónica de la Hermandad.

En 1993 la Hermandad que tradicionalmente venía siendo la última en pasar por el recorrido oficial el Lunes Santo, pasó a ser la primera, y tras la incorporación de la Hermandad de Crucifixión al año siguiente es la segunda Hermandad en realizar el recorrido oficial.

La Casa-Hermandad está situada sobre los terrenos que otrora pertenecieron al cenobio mercedario, donde tuvo lugar la fundación de la Hermandad.



Autor: Gómez de Valdivieso Autor: Oliver Rosado

(1799) 1939
Comentado por francis garcia el septiembre 29, 2010 a las 12:32am
COFRADIA DEL AMOR
Orígenes
"A fin de dar el mayor esplendor a la fiesta religiosa de Semana Santa, contribuyendo además a ejercitar la fe católica, se erige una Cofradía en la Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria con imagen del Stmo. Cristo del Amor, que actualmente se venera en el convento de las Religiosas Agustinas de esta ciudad." De esta forma rezaba el artículo 1 de los primeros estatutos de nuestra Cofradía, aprobados el 30 de mayo de 1923. De su lectura podemos deducir en qué situación se encontraba la Málaga cofrade del primer cuarto de este siglo: La cofradía del Santísimo Cristo del Amor nace en unos años de extraordinario auge del fenómeno cofradiero en la ciudad de Málaga.

Para establecer los orígenes de esta cofradía tenemos que remontarnos precisamente a 1923, cuando un grupo de devotos influidos por el momento del auge referido, y encabezados por el entonces capellán de la iglesia de la Victoria, D. Juan Rodríguez Gutiérrez, se reúnen entorno a las imágenes de un Cristo Crucificado y de una Virgen Dolorosa que recibían culto en la capilla del Convento de las Madres Agustinas Descalzas, en el Compás de la Victoria, muy cerca del templo de la Patrona.

Entre los fundadores se encontraban cofrades procedentes de otras hermandades del barrio, como la del Nazareno de los Pasos en el Monte Calvario y la del Santo Sepulcro.

De estos hermanos, que lógicamente formaron la primera Junta de Gobierno, destaca el primer Hermano Mayor, Manuel Otaola Soto-Cañavate, cuya misión principal fue situar a la Cofradía en el panorama social y cofrade malagueño junto con otras cofradías de más antigüedad y arraigo popular. Así, a principios de 1924, consiguió el ingreso de nuestra Hermandad en el seno de la recién fundada Agrupación de Cofradías, lo que significó que se procesionase por primera vez la imagen del Stmo. Cristo del Amor el Viernes Santo de ese mismo año

Primera Salida Procesional
Primera salida procesional (1924)
Algo más de un centenar de hermanos con túnicas y capirotes negros y capas blancas, sacan por primera vez en procesión al Crucificado y su Madre Dolorosa en un trono realizado por Antonio Barramino en talla dorada sobre fondo caoba, en el que destacan, a ambos lados del cajillo, los bustos de San Agustín y de su madre, Santa Mónica y, en el frontal, el escudo de la Orden Agustiniana, adoptado desde un principio como propio de la Hermandad. El repertorio ornamental de este primitivo trono representa el deseo de los hermanos de quedar vinculados a la mencionada orden religiosa desde un primer momento.

Don Manuel Otaola permaneció como Hermano Mayor hasta 1928, sucediéndole en el cargo, José Ortizlanzas (1928-1929) y José Parra Delgado (1929-1930). Tras este último, asume la mayordomía Alfredo Kluft y Amat (1930-1935), cuyos logros se encuentran entre los más significativos de nuestra historia. Obtiene el título de Real para la Hermandad, privilegio que alcanza de S. M. Alfonso XIII. De manera extraordinaria en nuestra Semana Santa, el Rey concedió su representación al propio Hermano Mayor, por lo que en la Semana Santa de 1931 desfiló un piquete del ejercito detrás del Stmo. Cristo del Amor, como escolta del delegado regio. Por primera vez, en un escapulario que lleva el Hermano Mayor como distintivo en dicha procesión, el escudo agustiniano se completa con la corona real.

Trono del Stmo. Cristo del Amor. Años 20 Asimismo y debido a los orígenes de la institución, a la vinculación con las Madres Agustinas e igualmente a la simbología de nuestro escudo, se otorga el título de Hermanos Mayores Honorarios a la Orden de San Agustín y se nombra a sus miembros Directores de Culto, manteniendo desde entonces y hasta nuestros días una estrecha relación con la Cofradía.

La Década de los 30

La inestabilidad política y las tensiones sociales con las que se abre la década de los treinta, llevan a las cofradías malagueñas a una situación muy difícil de la que no será ajena la cofradía del Amor. Sin embargo, la "quema de conventos" de mayo de 1931, en la que fue pasto de llamas un gran número de imágenes de cofradías y en la que quedó destruida la mayor parte de lo que en la década anterior habían conseguido las hermandades, no afectó gravemente a esta Real Cofradía, ya que los grupos de incendiarios y saqueadores no llegaron a asaltar la iglesia de la Victoria, protegida por el carácter militar del contiguo hospital, quedando por lo tanto a salvo las imágenes del Cristo y la Dolorosa.

No obstante, a la vista de los aconteciminetos que se sucedían en esos días 11 y 12 de mayo, un grupo de cofrades se armó de valor y retiró las imágenes de su capilla en la Victoria, a fin de ocultarlas y evitar su posible destrucción. Entre ellos cabe destacar a Carlos Tomassetti Caritat, quien se llevó ambas efigies a su casa, que por motivos laborales se encontraba en el recinto del puerto de la ciudad, donde fueron escondidas tras un tabique hasta que estimaron los responsables de la Hermandad que el peligro había pasado y pudieron devolverlas a la Victoria, una vez cambió el signo políitico y se apaciguó la ola de anticlericalismo. Así, tras tres años de incertidumbre y miedo en los que no salieron procesiones, en 1935, son nueve las cofradías que hacen su estación de penitencia, una de las cuales es la del Stmo. Cristo del Amor.

En ese mismo año, los cofrades decidieron incorporar una advocación mariana al Título de la Cofradía. El lema de los frailes mínimos de San Francsico de Paula -"Caritas"- "omnipresente" en la decoración de la iglesia de la Patrona, debió influir para la elección del nombre de la Virgen. Su imagen, de la que no conocemos el autor y apenas se conserva algún testimonio fotográfico, fue bendecida en enero de 1936, en el transcurso de una solemnísima ceremonia.

Los sucesos que siguieron al fracaso inicial del alzamiento militar del 18 de julio de 1936 sí afectaron plenamente a la Hermandad. La imagen de Nuestra Señora de la Caridad, bendecida hacía apenas unos meses, fue destruida por las llamas, como sucedió con los enseres y el archivo, ya que el almacén donde se conservaban fue saqueado. Las imágenes del Cristo Crucificado y de la Virgen de los Dolores de nuevo se salvaron del fuego: fueron ocultados provisionalmente en el contiguo Hospital Militar, para ser escondidas finalmenteen el coro del templo donde permanecieron bastante tiempo, mientras el recinto permanecía cerrado.

El 28 de febrero de 1937, apenas transcurridos 20 días de la entrada de las tropas nacionales en Málaga, se reúne la junta de gobierno iniciando su reorganización. En esta etapa destaca la figura de Alfonso Sell Aloy, Hermano Mayor de la cofradía desde 1935, quién se mantendrá en el cargo prácticamente cuatro décadas.Su labor constante y entrega total fue uno de los principales motores de esta recuperación antes aludida.

Una de las primeras actuaciones de la cofradía en estos primeros años se concreta en la compra, por 9000 pts. de las imágenes a la comunidad de Madres Agustinas Descalzas, establecida ya en Antequera. Se realiza la adquisición en 1940 con la mediación del Obispo de Málaga.

La Reconstrucción

Esta Real Cofradía entra en una dinámica de reconstrucción en la que hay que señalar como aspecto fundamental su vinculación con organismos, instituciones y personajes del nuevo régimen, tal y como sucede en la práctica totalidad de las cofradías malagueñas en estos momentos de implantación del nuevo estado. Así pues, aunque la Cofradía del Amor no estuvo vinculada a ninguna institución militar, sí mantuvo durante largo tiempo una intensa relación con instituciones civiles, entre las que destacan la Comisaría de Abastecimientos y Transportes, el Ministerio de Agricultura y, posteriormente, el I.N.I. Aparte del trasfondo ideológico de estos vínculos, hay que destacar que gracias al apoyo y las subvenciones de estos organismos como complemento al trabajo de los cofrades, la cofradía fue enriqueciendo su acervo con valios´simos enseres y fue adquiriendo esplendor tanto en sus actos de culto como en sus procesiones cada Viernes Santo, que la llevaron a convertirse en una de las hermandades señeras del panorama cofrade malagueño.

La intensa relación existente con las instituciones y cargos relevantes del Movimiento, se vieron reflejados en un impresionante y nunca igualado, hasta ahora, incremento del patrimonio de la cofradía.

Es justo señalar que al apoyo institucional se unió el ímpetu de los cofrades, que se las ingeniaban para sacar el mayor dinerillo posible mediante rifas, loterías, sorteos...

D. Alfonso Sell Aloy, Hermano mayor, junto a D. Carlos Rein, Ministro de Agricultura Don Alfonso Sell Aloy se convierte en el gran valedor de la Cofradía ante el Nuevo Estado. Su amistad con D. Carlos Rein Segura, Director General de Abastecimientos y Transporte, Subsecretario de Agricultura y posteriormente Ministro de este área, fructificó en las grandes mejoras que se obtendrían.

Así, y en sólo doce años (1942-1954), fueron realizados un manto de casi 6 metros y un palio, obras de Leopoldo Padilla. También por este bordador, 8 paños de bocina, y 2 fantásticos estandartes bordados por ambos lados. Se compró para la Virgen el trono, se renueva por completo los equipos de los penitentes, y se afronta todo tipo de reforma de los enseres, situando a la cofradía en una de las señas de identidad de Málaga, punto de referencia de la Semana Santa, y ejemplo para el resto de cofradías en crecimiento, culminándose este proceso en 1958 con la construcción del trono para la Señora de la Caridad.

Inestabilidades y Cambios de Sede

En 1944, el Obispado de la Diócesis comunica al Hermano Mayor que iba a reconstruirse la iglesia de la Merced, como estaba proyectado, y que la Cofradía del Amor tendría que abandonar el Santuario de la Patrona. Ante este hecho, por iniciativa de la Comunidad Agustina en Málaga se establecen contactos entre la Orden y la Junta de Gobierno para trasladar la Cofradía a la Iglesia de San Agustín, traslado que se abortó por la negativa del Provincial Agustino en El Escorial. No obstante, el cambio de sede se produce, siendo a la Capilla Castrense, antigua Capilla de la Orden Tercera de San Francisco de Paula, al acceder el Ministerio del Ejercito a la solicitud de la Cofradía.

Los Sagrados Titulares son trasladados a la nueva sede en enero de 1949, quedando el Cristo del Amor y la Virgen de los Dolores instalados en el altar mayor, mientras Nuestra Señora de la Caridad ocupa un altar lateral. En la Capilla del Cistro del Amor, como empieza a denominarse al pequeño templo situado frente al Santuario de la Patrona, encuentra la Cofradía un espacio ideal para desarrollar una gran actividad en lo que a cultos se refiere.

En los años sesenta y setenta, la cofradía sufre altibajos, como sucede con muchas otras cofradías malagueñas. La falta de renovación entre los directivos, muchos de ellos con más de treinta años en la Junta de Gobierno, así como las situaciones de crisis del panorama cofrade en general, convierten éste en un período un tanto oscuro en la historia de la Hermandad.

Se llega al extremo de provocar el espectáculo bochornoso protagonizado por el trono de la Virgen en la Semana Santa de 1969 en la que la lluvia y su excesivo peso, hicieron que los hombres de trono no pudiesen continuar la procesión, hundidos por el esfuerzo. Ante ese caso D. Alfonso Sell decide que, para no interrumpir el transcurso normal de las procesiones, se espere que pasen las demás cofradías y volver por el recorrido más corto. Pero tras pasar el trono de la Virgen de la Soledad del Sepulcro, milagrosamente y en una demostración de esfuerzo y generosidad, los hombres levantaron el trono y subieron al Santuario tras el trono antes citado.

Este hecho sirve de revulsivo de cara a la incorporación de la juventud, al menos en lo que al papel de portadores de trono se refiere: el año siguiente ya son alumnos y antiguos alumnos agustinos los que portan el trono de la Virgen de la Caridad, mientras que, cuatro años más tarde, alumnos y antiguos alumnos del Colegio Marista empiezan a sacar en procesión al Cristo del Amor.

En 1972, por orden del Capitán General de la Región Militar, la cofradía tiene que abandonar la Capilla Castrense debido a la situación ruinosa en la que se encuentra parte del edificio, por lo cual regresa a la Iglesia de la Victoria para ocupar esta vez los dos altares situados bajo el coro del templo.

La salida de la crisis

Se presentan los años 80 con un dificultosa salida a la crisis. Se suceden intentos de renovación por parte de grupos jóvenes que no llegan a fructificar porque las estructuras de la cofradía aún no se han renovado.

Hacen falta nuevos estatutos y nuevas directrices en consonancia con la recuperación de la Semana Santa a la que la Cofradía se incorpora tardíamente. En la segunda mitad de los ochenta comienza el resurgimiento con la incorporación de gente joven y con la inclusión en la vida de la Cofradía de hermanos procedentes del Colegio Agustino, A.P.A. del Colegio "Los Olivos", Colegio Marista y barrio de la Victoria.

Lamentablemente este periodo de crecimiento se ve interrumpido con los acontecimientos de los años 90, 91 y 92. El afán de todos y las ganas de hacer crecer la Cofradía, chocaron con las distintas visiones de como hacerlo que tenían los miembres de la joven Junta de Gobierno. Se producen discordancias y malentendidos, que desemboca en un enfrentamiento cuyo final son los tristes acontecimientos del ejercicio 91-92, donde la prensa llegó a reflejar lo que sucedía y con un continuo e infructuoso carteo en los distintos periódicos que lo único que consiguió fue perjudicar la imagen de la Cofradía.

Superados estos acontecimientos, la nueva Junta de Gobierno sigue con la labor de reconstrucción de la Hermandad y de recuperación de sus señas de identidad, sueños como la Casa-Hermandad, la culminación del trono de la Virgen y otras muchas cosas, perduran hasta nuestros días.
Hermanos Mayores

Los Hermanos Mayores de la cofradía desde sus inicios han sido:

Manuel Otaola Soto-Cañavete (1923-1928),
José Ortizlanzas (1928-1929),
José Parra Delgado (1929-1930),
José Kluft (1930-1934),
Alfonso Sell Aloy (1934-1983),
Luis Espinar Villaespera (1975-1980),
Alfonso Sell Cristiá (1982-1992),
Federico Fernández Basurte (1992-2000),
Francisco M. Cantos Recalde (2000-2008),
María del Carmen Ledesma Albarrán (2008- .
 

Miembros (11)

 
 
 

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