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Alpandeire: Alpandeire se vuelca con Fray Leopoldo

11.09.2010 - VANESSA MELGAR / PLT | SUR ALPANDEIRE

Sencillo y humilde. Así recuerda la memoria colectiva de Alpandeire a su vecino más venerado, Fray Leopoldo. El pueblo, ubicado en el recóndito Valle del Genal, tan solo cuenta con 271 habitantes, todos ellos con un solo tema de conversación desde hace semanas: la beatificación del conocido como el mendigo de Dios y el limosnero de las tres avemarías, por la labor realizada a favor de las personas más desfavorecidas como fraile franciscano en Granada donde pasó la mayor parte de su vida pateando la ciudad de la Alhambra.
No es de extrañar que alrededor del 50% de los habitantes del pueblo, unos 160 con edades comprendidas entre los 60 y 90 años, según explicó el alcalde de Alpandeire, Gabriel Jiménez, acudan mañana al acto de beatificación de Fray Leopoldo que se celebrará en la localidad granadina de Armilla.
Cristobalina Sanchís tuvo la suerte de conocer a Francisco Tomás de San Juan Bautista, verdadero nombre de Fray Leopoldo. Lo recuerda con cariño a sus 86 años: «Tenía cinco o seis años cuando lo conocí y recuerdo cómo todas las niñas del pueblo nos íbamos con él, siempre estaba rodeado de niños y niñas, y nos llevaba a la Iglesia». El religioso, al que caracterizaba su barba blanca y sus humildes y casi harapientas vestiduras, se interesaba por el rendimiento académico de los pupilos de Alpandeire: «Siempre nos preguntaba por el colegio y después de estar en la Iglesia, lo acompañábamos a visitar a los enfermos», relata Cristobalina. «Muchos niños, en las edades más tempranas, asociábamos la imagen de Fray Leopoldo con el dicho que utilizaban las madres en aquellos tiempos para aleccionar a sus retoños, diciendo '¡qué viene el tío de las barbas!'», bromea Salvador Jiménez, otro 'pandito', gentilicio popular con el que se conoce a las gentes de Alpandeire. Y es que la bondad de Fray Leopoldo, que permaneció en su pueblo natal hasta aproximadamente los treinta años, no tenía límites: «Se iba a realizar tareas agrícolas, de segado principalmente, en la campiña de Jerez, acompañado por su hermano, Juan Miguel, y otros jornaleros. Eran tiempos difíciles, no había qué comer, y cuando regresaban, iba repartiendo todo el dinero que había ganado entre los pobres que se encontraba», cuenta Salvador a sus 80 años. Al hermano del fraile no le quedaban más opciones que enfadarse y dejarlo en el camino: «Aparecía días después de que llegara su hermano, a veces descalzo, puesto que también solía regalar sus alpargatas a los pobres, se hacía dos pares antes de salir y al tercer pobre que encontraba, le daba sus zapatos, era un 'buenazo'». «Mi padre me contaba que el hermano le decía: '¿qué alimentos y dinero le vamos a presentar ahora a nuestros padres?'», narra también Cristobalina. La fe de los vecinos de Alpandeire hacia Fray Leopoldo es ciega. «A mí me hizo un milagro: tenía un dolor en la rodilla y tenía que operarme, pero mi mujer decidió ponerme una estampita de él en el vendaje, el dolor remitió y no tuve que ser intervenido», dice Salvador notablemente agradecido.

Más milagros

«Mi hermano se rompió un tobillo y los médicos nos avisaron de que estaba muy mal, fuimos a ver a Fray Leopoldo a su convento en Granada y el pie sanó», afirma también Cristobalina, que además bromea ya que el religioso solía enfadarse por los destrozos que aparecían en su huerto. Él los atribuía al demonio. Otro capítulo que también cuentan los mayores del pueblo y que transmiten generación tras generación se refiere a las Ánimas Benditas, una comitiva que recorría por las noches las calles del pueblo y pedía dinero para comprar aceite y encender la lámpara de aceite de la parroquia de San Antonio de Padua. Fray Leopoldo se incorporó a la misma y empleó el dinero, dos reales, que su madre le había dado para comprar aceite y consumirlo en casa. Cuando esta acostó a su hijo comprobó que los dos reales estaban en su bolsillo. Las historias de Cristobalina y Salvador aún perviven en los hogares de Alpandeire, donde es inimaginable no encontrar una imagen o estatuilla de Fray Leopoldo. Ahora sus vecinos podrán venerarlo en su Iglesia ya que la beatificación permitirá llevar su imagen a los templos. Es el logro conseguido por un movimiento vecinal que ha traspasado las fronteras de la comarca rondeña y ha reivindicado con creces su legado espiritual.

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