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Joaquín Durán, cofrade del Prendimiento: «Por donde vamos nos llevamos al público de calle»

28.03.2010 - ANTONIO ROCHE | SUR MÁLAGA
Joaquín Durán Guzmán (56 años) es el H-1 de Jesús del Prendimiento, inconfundible por su cabello canoso desde hace tiempo. Malagueño de Capuchinos, se quedó enganchado con el Cristo de su barrio. Conoció los tiempos peores de la cofradía y ahora disfruta con el excelente momento por el que atraviesa su hermandad. Él es partícipe de ello.
-¿Desde cuando es usted hermano del Prendimiento?
-Desde 1980. Me captó Jaime Gallego padre porque nos conocíamos de Capuchinos, aunque el trono lo saqué por primera vez en 1979.
-¿Cuándo entró en la junta de gobierno?
-Muy pronto. En 1981 entré con Pedro Gallego Sanchís. Recuerdo que cuando se hizo la remodelación de La Rosaleda para los mundiales de 1982, el almacén donde teníamos los tronos estorbaban y fue entonces cuando gestionamos los terrenos de El Ejido, donde se encuentra actualmente la casa hermandad. En la junta he sido contador, fiscal, primer teniente hermano mayor y ahora soy consejero.
-Usted sigue portando el trono de Jesús del Prendimiento en el H-1, ¿hasta cuándo?
-Mientras tengas fuerzas, y me veo muy bien. Es mi vida. Hay chavales que no pueden llegar a la Tribuna de los Pobres. El varal del Prendimiento es mi pasión. Voy siempre en el H-1 desde el segundo año.
-¿Con qué parte del recorrido se queda?
-Hay varios puntos claves. Quizás me quede con Ollerías. El paso de la cofradía por esta estrecha calle es muy bonito. Se escucha muy bien la música. No puede haber más gente, sobre todo a la salida en la confluencia con Carretería y Tejón y Rodríguez.
-Y el año pasado hicieron el más difícil todavía: el regreso por la empinada calle Carrión.
-Fue una experiencia muy buena, que nos debe servir a todos. Ahí se demuestra que cuando se quiere, se puede. Después de muchas horas de recorrido y subes Carrión con esa elegancia, con esa fuerza, sólo cabe una cosa: el alma puede con todo. Es un grupo de hombres que demuestran que poniéndole corazón y alma se puede llevar un trono. Y cómo sube la calle Dos Aceras la Virgen del Perdón. Hay que descubrirse ante ellos. Cuando veo cómo llegan, me conmueve, se me ponen los vellos de punta. Sacan fuerzas de donde no las hay. Es inenarrable. Cuando veo cuando entra en Hermosilla lloro de emoción.
-Con la marcha de la Cena al Jueves Santo y el adelanto de la salida del Huerto, se han convertido ustedes en la cofradía estrella en la noche del Domingo de Ramos.
-Sí. En los años ochenta éramos una cofradía muy humilde; jugábamos en Segunda División. Pero ha sido extraordinario el esfuerzo que ha realizado con Pedro Gallego al frente y ahora con su hermano Jaime. Este hombre se entrega en cuerpo y alma. La cofradía debe estar eternamente agradecida a él. Se ha incrementado de forma notable el patrimonio en los últimos doce años gracias al taller de empleo. Primero Pedro y ahora Jaime, han conseguido meter a la cofradía en Primera División y la han convertido en una de las más punteras. Eso nos obliga a tener mayor responsabilidad. Es cierto que por donde vamos nos llevamos al público de calle. Percibimos que hay una gran expectación en torno al Prendimiento y metemos con fuerza el hombro en el varal para no defraudar al público.
-Y todo eso sin cambiar de estilo.
-Efectivamente. Mantenemos el estilo típicamente malagueño. Nos gustan los pulsos y el monte del trono se hace con corcho, como era antes en Málaga. Otras cofradías, sobre todo nuevas, han cambiado su estilo. Nosotros, no. Seguimos la línea malagueña. Vamos en orden y con seriedad, pero no somos una cofradía de silencio.
-Pasemos a otro asunto. Usted es, desde hace 30 años, el responsable de buscar el olivo que va en el trono. ¿Cómo se hacía antes?
-Es curioso. Aparecía por la noche un camión en la plaza de Capuchinos, donde se montaban los 'tinglaos', soltaba el olivo y se iba. Nadie sabía quién lo enviaba. Así estuvo varios años. Yo me pude enterar que era un señor de Fuengirola, que al parecer tenía esa promesa. Pero un año no venía el olivo y ya de madrugada decidí ir a una finca al Limonar, donde días antes vi uno que iban a quitar. Lo cortamos con un serrucho y lo cargamos en un R-4 furgoneta. Por la mañana quedó puesto en el trono y desde entonces me encargo yo.
-¿De dónde saca el olivo?
-Ha venido de distintos puntos de la provincia. El de este año es de una finca cercana a Coín. Nosotros nunca cogemos olivos en producción o en zonas verdes. En noviembre empiezo yo a echar el ojo y después de las navidades concretamos para elegir el mejor que se adapte al trono. Normalmente están en carreteras, en obras o en fincas que van a urbanizar, por lo que son arrasados por las máquinas.
-¿Cómo se ajusta en el trono?
-El tronco entra en el cajillo y queda unos 40 centímetros a la vista. Va acuñado con maderas, clavado y atornillado en los laterales. En los 30 años que llevo haciéndolo, nunca se ha movido el olivo.
-¿Qué se hace después con el árbol?
-En los últimos años, los hombres de trono cogemos algunas ramitas y nos las llevamos a casa. Se las pongo al cuadro de mi Cristo. El tronco, lo que es la madera, se lo damos a las monjas Clarisas de Capuchinos. Ellas lo incineran para las cenizas del Miércoles de Ceniza del año que viene.
-¿Un deseo?
-Me gustaría que mi Cristo llevara en un arcón a los pies tierra de Getsemaní y una ramita de olivo de aquel huerto.

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